Opinión
Inmigración, clave para la economía
El crecimiento potencial podría aumentar si se hiciera una gestión activa que busque y forme en origen los perfiles que se demandan

Ilustración: Inmigración, clave para la economía / Leonard Beard
La economía sigue dando buenas noticias. En 2024 se alcanzó una cifra récord de empleo y en los primeros meses de 2025 ha continuado esta expansión, a un ritmo algo más moderado.
Este crecimiento económico tiene una explicación principal: la inmigración. Aunque algunos se empeñan en destacar solo sus aspectos negativos, lo cierto es que, sin la contribución de la población migrante, España no figuraría entre las economías que lideran el aumento del PIB en el mundo desarrollado.
Es necesario abordar esta realidad sin prejuicios. España atraviesa un invierno demográfico, marcado por una baja natalidad y el envejecimiento de su población. La generación del baby boom ha comenzado a jubilarse, dejando vacantes miles de empleos. De hecho, entre 2012 y 2024, la población activa que tiene nacionalidad española se ha reducido en 1,4 millones de personas. Esta pérdida de población activa nacional del 7,1% habría condenado al país a una situación de estancamiento si no fuera por la inmigración. Solo en 2024, el 77% de los nuevos empleos fueron ocupados por personas nacidas en el extranjero. Sin esta aportación, el crecimiento del empleo habría sido de un 0,7%, frente al 2,2% real.
Numerosos sectores dependen de esta fuerza laboral. En los servicios domésticos, representan el 71% del empleo; en la hostelería, el 45%; en la construcción, el 32%; y en la agricultura, el 31%. Al mismo tiempo, el envejecimiento de la población incrementará la demanda de profesionales en atención médica y cuidados, una oferta que no cubre el mercado laboral nacional.
Pero, además, las personas extranjeras están ocupando cada vez más posiciones cualificadas, donde se prevé un relevo generacional los próximos años. De hecho, un estudio reciente del Banco de España revela que la sobrecualificación de los migrantes -es decir, aquellos que trabajan en puestos de trabajo por debajo de su nivel formativo- está disminuyendo. Esto indica que cada vez más acceden a empleos acordes con su formación, porque los estudios realizados en el extranjero tienen cada vez más reconocimiento en nuestro país.
En el futuro, la situación se agravará. La OCDE advierte que España sufrirá la mayor caída de la tasa de empleo de sus países miembros: un retroceso de 10,3 puntos porcentuales para 2060, frente a una media de apenas 2 puntos. Sin un crecimiento de la productividad, el crecimiento del PIB per cápita se frenará. Dos medidas clave podrían ayudar a mitigar el impacto: elevar la edad efectiva de jubilación y aumentar la tasa de ocupación femenina. Pero ninguna de estas soluciones será suficiente para compensar el declive demográfico y la jubilación de los baby boomers. Todo apunta a que será imprescindible incorporar más inmigrantes al mercado de trabajo.
Esta incorporación también resulta vital para sostener el sistema de pensiones durante las décadas que dure la jubilación del baby boom. La ocupación extranjera ayudará a suavizar el desequilibrio entre ingresos y gastos de la Seguridad Social. No obstante, la inmigración no resuelve el problema, solo lo traslada al futuro. Para resolverlo, sería necesario que las cotizaciones aportadas guarden mayor proporción con las pensiones futuras que se recibirán.
La complejidad de esta realidad desaconseja hacer afirmaciones simplistas, como que la inmigración reduce el potencial económico por su baja productividad. Todo dependerá de los trabajos que se ofrezcan y sus salarios, de la formación de los migrantes y de su capacidad de integración. Está claro que los trabajos con remuneraciones y productividad demasiado bajas para tener un nivel de vida digno sencillamente no deberían de existir, ni para nacionales ni para extranjeros.
El crecimiento potencial de la economía española -en empleo y productividad- podría aumentar si se hiciera una gestión activa de la inmigración que busque y forme en origen los perfiles que demanda nuestra economía, y que, una vez aquí, refuerce las políticas de inclusión y la oferta de vivienda. España cuenta con una ventaja clave frente a otros países europeos: el 47% de los inmigrantes proceden de América Latina, con más facilidad de incorporación laboral. Es hora de dejar de hablar de inmigración solo en clave de conflicto o amenaza y empezar a verla como lo que realmente es: un fenómeno clave para el futuro económico del país.
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