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Opinión | Desde el siglo XX

Prohens entrega a Vox el cadáver (político) de Cirer y jibariza a Costa

Cae Catalina Cirer, se deja malparado a Antoni Costa, cambios en el Gobierno balear para dar satisfacción a la extrema derecha

La presidenta del Govern Balear, Marga Prohens, durante la toma de posesión de los nuevos consellers del Govern balear, en el Consolat de Mars consellerias.

La presidenta del Govern Balear, Marga Prohens, durante la toma de posesión de los nuevos consellers del Govern balear, en el Consolat de Mars consellerias. / EP

Los que entran son intranscendentes, caso de Sandra Fernández, incondicional, ahí es nada, de José María Rodríguez, conocido en el PP como el bisonte, lo relevante es que los cambios efectuados por la presidenta Marga Prohens en su Ejecutivo derivan de la directa imposición de la extrema derecha: ha sido Vox quien los ha dictado. Es Vox el que ha dado su visto bueno. Llamativa por excesiva la subordinación de Prohens a la extrema derecha ya abiertamente xenófoba. Torre Pacheco ilustra las razones por las que el partido de Santiago Abascal se ha convertido en la primera fuerza política entre los varones de 18 a 40 años. Abascal, tarugo político de medio pelo, empata con Núñez Feijóo en valoración; lo que incrementa el desasosiego para PP y PSOE: les sustrae electorado a espuertas. Veremos lo que sucederá en las elecciones, pero, sin duda, estamos en puertas de fenomenal cambio político que tiene trazas de ser más consistente del que protagonizó Podemos, caído en desgracia tanto por groseros errores propios, los de siempre en las organizaciones leninistas, incapaces de soportar la disidencia, como por la repugnante campaña que montó el denominado «Estado profundo», con ramificaciones mediáticas, políticas, judiciales y policiales.

A lo que vamos, Marga Prohens, que después de dos años exhibe nítidamente sus clamorosas carencias, se ha doblegado sumisa a lo que le ha exigido Vox. Catalina Cirer, que ha sido alcaldesa de Palma, delegada del Gobierno y consejera en el Gobierno de Gabriel Cañellas, sin que demostrara las razones por las que se la aupó a tanto cargo, se la traga el sumidero porque incomoda a Vox, dado que por su raíz democristiana (perteneció al partido del hoy independentista Cristòfol Soler, efímero presidente de la Comunidad Autónoma en la década de los 90) no podía endosar sin más la xenofobia rampante de Vox, su guerra abierta contra la migración. Prohens se la quita de encima, al tiempo que jibariza al viepresidente Antoni Costa, que siempre llevará a cuestas haber contratado para cargo público a su amigo agresor sexual a sabiendas de la felonía cometida, nombrando a otra vicepresidenta pasándose por el forro la Ley que regula la composición del Gobierno balear, al no contemplar la existencia de dos vicepresidencias. Bagatela.

Cambios para satisfacer a Vox que no suponen, cómo podría no ser así, que el «Gobierno en solitario» que anunció Prohens, «sin mochilas», se desembarace de estas y deje de ser compartido en lo fundamental con la extrema derecha. Pregunta: ¿Cuándo exigirá Vox la salida del consejero de Educación Antoni Vera?, que bastante se ha plegado a las demandas enloquecidas de Vox, pero que por lo que se va viendo no ha sido suficiente. Hasta aceptar su cese no ha llegado Prohens. Quedan todavía dos años de legislatura. No es cuestión de desesperarse.

Acotación esotérica.- En un medio de comunicación adicto de Madrid afirma Núñez Feijóo que de haber elecciones no tiene dudas, sino casi la certeza, de que obtendría la mayoría absoluta de los escaños en el Congreso de los Diputados, un mínimo de 176. La suya es hipótesis infalible por indemostrable, porque ahora no va a haber elecciones, ni tampoco parece probable que el presidente del Gobierno las convoque en los meses venideros. En todo caso, hacia mediados de 2026 podemos empezar a especular. Pero es que, además, lo de la mayoría absoluta está fuera del alcance de Feijóo dada la pujanza de Vox, que crece sin parar en las encuestas, que, en la más desfavorable de las proyecciones, le auguran 60 diputados. Tan esotérica es la pretensión de Feijóo de la mayoría absoluta como la de pretender gobernar, si llega el caso, que está por ver, en solitario. Con Abascal o de vuelta a Galicia, señor Feijóo.

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