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Opinión

Palma

Lo que no puede ser

Una de las manifestaciones del narcisismo dominante en nuestra época es la incapacidad de aceptar las consecuencias negativas de decisiones que nos parecen positivas. Esta actitud infantil nos lleva a negar demasiadas cosas a la vez y la suma de tantas negatividades acaba siendo un mundo imposible de gobernar. El empresariado catalán, por ejemplo, ha sido desde hace 60 años entusiasta de la construcción europea, muy especialmente de la eliminación de las barreras comerciales y de la creación del mercado único. No hay que ser premio nobel de economía para entender que el mercado único tiene una externalidad negativa que es un cierto darwinismo empresarial. Si hace 100 años, los países cerraban sus fronteras para proteger a los productos fabricados de manera ineficiente, la consolidación de la UE ha provocado que las fábricas no competitivas acaben cerrando. Pasó en los primeros años con los altos hornos o con la mantequilla. La consolidación de un mercado único puede comportar ahora la desaparición de, por ejemplo, algunos bancos. Se puede estar en contra de que esto pase, pero no se puede estar a favor de las reglas de la competencia que permiten la venta de berberechos sin aranceles en 27 países gracias a las reglas de competencia y estar en contra de que esas mismas reglas no sean las que se apliquen en otros sectores, por ejemplo, el financiero.

La UE va a mirar con lupa las condiciones que le puso el Gobierno español al BBVA para autorizar la opa sobre el Sabadell. Algunos ya dijimos en su momento que modificar en el Consejo de Ministros el dictamen de la Comisión Nacional de los Mercados y de la Competencia (CNMC) era complicado de entender en la UE, por cuanto separar la regulación de los mercados del poder ejecutivo forma parte del acervo comunitario. Y así se ha expuesto por parte de las autoridades comunitarias. El hooliganismo es mal consejero, para los políticos, para los empresarios, para los bancos y para los gobiernos. Para la UE sería preferible una opa del BBVA a un banco de otro país y no a otro español. Pero para forzarlo no se puede saltar las reglas.

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