Opinión
Nacido hombre

Jaume Santandreu / B. Ramon
Querido amigo, has marchado casi sin avisar. Se sabía que estabas mayor y algo delicado, pero has marchado en silencio, después de decirlo casi todo. No voy a bravuconear con nuestra amistad para fardar de nada, estuviste en los días aparentemente más importantes de mi vida, un auténtico espejismo. Me había acercado por la solidez de tu obra y de tu estilo, te considero el mejor narrador en catalán nacido en Mallorca de los últimos decenios, un virtuoso único, un gran poeta, un buen novelista. Bastantes personas desconocen que muchas de tus obras están agotadas, me refiero de la primera etapa en Tià de sa Real, edicions Teix y Moll. La segunda etapa creativa la has vertebrado ordenadamente en colaboración con tu editor Lleonard Muntaner y con la mirada atenta del poeta Jaume Mateu, que estoy convencido ha sido clave en muchas cosas a la hora de tu más reciente consagración literaria. Lo más nuevo e inédito ha dado para un par de desencuentros.
Listo y superdotado como eras siempre, aclarabas que para ti el libro más relevante de tu carrera era «Encís de minyonia», que en un primer momento querías titular «Minyonia d’un infant tarat» en tu versión más punk y en un cruel juego de cambio de sentido contigo mismo, que a pesar de todo añoraba al crío puro y salvaje de tu principio en el antes de…contrastando con el relato de lo que acontece en la trama de tus primeros quince años de vida en el campo en las profundidades de nuestra esencia más pura, el foravila de Manacor a principios del siglo XX. Hábil y nada sectario, integrador y con inagotables ganas de difundir la causa catalana y la defensa de la tierra, eras militante de ERC y de los primeros independentistas que ha habido, querías llegar a todo el mundo y no te sabía mal girar la lengua a la hora de expresar las injusticias y la violencia que han sufrido en diferentes etapas el pueblo y las gentes de Mallorca. No te parabas a discutir, eras un hombre de acción y tu mensaje era mucho más importante que el soporte que lo hacía posible. Encomendaste la traducción de ese precioso relato con una sola condición, el título debía ser «Nacido hombre» en castellano y debía ir comentado escrupulosamente entre capítulos como La Divina Comedia de Sagarra. No me voy a enredar a definir los ataques, y en qué desagradables términos los recibiste, todo siempre tan penoso y patético en una tierra de aficionados a masacrarse entre hermanos. Jaume, sabemos que la derecha antidemocrática está en el desgobierno de Balears no por méritos propios y más por la inercia cainita de cierta autoproclamada izquierda.
Fuiste mosén, misionero (te acercaste al Che en Perú y has sido admirador del Presidente Mujica que era un moderado al lado tuyo), cura obrero de los primeros, sindicalista y marginado de los marginados, príncipe de las alcantarillas, escritor raso decías (yo creo que eres uno de los más grandes), poeta y creador de hogares de acogida para los desheredados. En tu última morada has declarado haber estado muy cerca del cielo y has querido marchar ligero de equipaje y por eso mismo has decidido ser enterrado en tu cielo de Can Gazà. Has tenido siempre un ramalazo kamikaze, la valentía en persona desafiando a la evidencia, constantemente en el ojo del huracán y en esa revolución que tú liderabas, tu único manual de guerrilla, el Evangelio.
Por el tanatorio han desfilado decenas de monjas y sacerdotes, todo paralelo a tu obra literaria, una de las más grandes, pues eras decano y huérfano de la llamada Escuela de Manacor de donde salen también tus inseparables Guillem d’Efak, M.A.Riera y Bernat Nadal. Ya hace años que asegurabas vivir en tiempo de descuento, pero seguías autodefiniéndote como «Che Guevara de foganya» y conocías a la perfección el lugar exacto donde pasa la noche el demonio pues estuviste muy pronto allí y con él, el mismo que marca el desenlace en tu obra principal.
Mallorca y sus marginados, la lengua catalana y su literatura nunca podrán devolverte todo lo que has dado. Lo siento mucho, hay que tener tu talento para expresarlo en palabras, hace más de treinta años me hablaste del amor y de la ternura…eras tan respetuoso con la ingenuidad ajena como temerario con la rapiña de los poderosos. Tan solo lamento no haberte correspondido a lo último que me pediste, pero piensa (allí donde estés) que algo hemos aprendido de ti. Como referente vas a seguir creciendo y tus libros se van a terminar de agotar. En uno de tus aforismos entrabas así y en este mismo punto voy a ir saliendo de este atolladero emocional: «Hi ha nins tan intel·ligents que retardaven l’hora del néixer».
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