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Opinión | La suerte de besar

Mercè Marrero Fuster

Al Sr. Reig Pla

Si la conoce, se dará cuenta de que sus palabras, además de hirientes y malignas, son muy ignorantes. Y la ignorancia es peligrosa

ilustración Marrero

ilustración Marrero / .

Como tengo 550 palabras por delante y el espacio es oro, me presento brevemente. Me llamo Mercè, tengo 52 años y, desde hace 42, convivo con una persona con discapacidad intelectual. Es mi hermana, se llama Lourdes y tiene síndrome de Down. Su nacimiento ha marcado mi vida y la verdad, Sr. Reig, es que, con sus más y sus menos, mi existencia me gusta bastante. No le voy a aburrir hablándole de valores, como la bondad o la nobleza. Tampoco le voy a dar la chapa contándole que, gracias a ella, he incorporado una forma de mirar la vida desde un prisma interesantísimo y, desde luego, no creo que sea necesario contarle que vivir en una sociedad que practica la empatía y que cuida a los vulnerables es una sociedad en la que la mayoría de personas queremos vivir. Porque, objetivamente, es mejor.

No doy crédito a sus palabras, Sr. Reig Pla. Oírle decir a usted, obispo emérito de Alcalá de Henares, que la discapacidad es «herencia del pecado y del desorden de la naturaleza» ha hecho que me pellizcara los muslos y me diera un par de bofetones en las mejillas porque, por un momento, creí que me había retrotraído a tiempos pretéritos. Tan pretéritos que le imaginé a usted corriendo tras un mamut, con lanza y cierto aspecto prehistórico. Desde que escuché sus palabras, no hago más que mirar a mi hermana e imaginar qué pecados podrían haberse cometido en mi familia para que nos haya sucedido esto.

Seguro que hemos dicho un par de mentirijillas piadosas, hemos tenido algún mal pensamiento y, a veces, me ha perdido la gula, pero nada muy grave. Además, supongo que el que un tío de mi abuela materna fuera rector de una parroquia compensa estas faltas. ¡Ah, y mi tía Olga fue misionera en India! ¿No considera que ese doblete es un comodín? Mi abuelo fue tesorero de una iglesia y me consta que mi abuela hizo una donación para que restauraran el campanario. Iban a misa todos los domingos y déjeme que le diga que, cuando a ella le empezó a doler la rodilla y le costaba llegar a la capilla, sintonizaba ‘La 2’ de TVE todos los domingos. Como estaba un poco sorda, no sólo escuchaba ella los sermones, sino que, también, todo el vecindario. Un comportamiento de manual.

Mi madre es la mujer más íntegra que he conocido, generosa en su manera de ser y la persona que tiene la capacidad más grande para entusiasmarse por cualquier cosa: una puesta de sol, una caminata por la montaña o nadar en el mar. Es espiritual. Medita y está convencida de que hay algo más allá de lo que ven nuestros ojos. Le aseguro que es una mujer seria y digna (usted ya sabe a lo que me refiero). Ella y mi padre se divorciaron, pero eso fue después de que Lourdes naciera, por lo que entiendo que ese desorden, por utilizar sus palabras, no cuenta.

Con todos mis respetos, Sr. Reig Pla, creo que le iría bien tomarse un café con Lourdes y conmigo. Nosotras invitamos. Es más, también le invitaremos a una ensaimada. Seguro que, si la conoce, se dará cuenta de que sus palabras, además de hirientes y malignas, son muy ignorantes. Y la ignorancia es peligrosa.

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