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Opinión

Palma

Blame the Victim: La culpa del peatón

Cuando cruzas un paso de cebra, ¿eres de los que aceleras el paso mientras saludas discretamente al conductor? En ese caso, es posible que estés considerando que te está haciendo un favor.

Curiosamente, cuando el semáforo está en rojo, nadie se pone a manifestar ningún tipo de gratitud. Nada de gestos, ni una simple mirada hacia el conductor. Sin embargo, el reglamento de circulación especifica claramente que el conductor tiene la misma obligación de pararse en un semáforo que en un paso de peatones, especialmente cuando ve a alguien con intención de cruzar.

De hecho, aunque no haya nadie pegado al bordillo dispuesto a poner un pie en el paso de cebra, el conductor debe rebajar la velocidad hasta asegurarse de que no es necesario pararse del todo, y luego continuar su camino. Como mínimo debería hacer un ‘Ceda el paso’ y si hay un contenedor o un coche aparcado que puede tapar al niño o al que va en silla de ruedas, debería hacer un ‘Stop’.

Además de sentirnos como los débiles en esta jungla de ruido, humo y tráfico, se ve que resulta mucho más sencillo pedir al peatón que tome precauciones, porque claro, el que camina es el que tiene todas las de perder. En caso de atropello, sabemos quién va a salir peor parado. Somos conscientes de nuestra fragilidad porque sabemos que un despiste puede destrozarte o incluso quitarte la vida.

Recuerdo que, cuando mis hijas eran pequeñas, en un chat de familias se criticaba el supuesto afán recaudatorio de un radar colocado en una zona escolar. Se me ocurrió hacer alusión al peligro de atropello por velocidades elevadas en entornos escolares y una madre respondió criminalizando a las madres que «llevaban a sus hijos sueltos». Por lo visto, lo responsable y lo sensato es llevarlos en coche a todas partes, y si no, pues de la mano. En mi caso, con un carro de bebé y dos niñas, la alternativa sugerida para los desplazamientos a pie era llevarlas con una correa de perro.

Al final el mensaje es claro: Existe un peligro, así que te debes proteger. El problema es que nadie dice: «Debemos hacer algo para poder caminar seguros, para que este peligro no exista o al menos se reduzca lo máximo posible».

Porque cuando se nos pide a los peatones que nos hagamos cargo de nuestra seguridad y de los menores o personas dependientes a nuestro cargo, estamos asumiendo que la situación es la que es y no se puede cambiar. También estamos liberando a la administración de la responsabilidad de velar por nuestra seguridad en el espacio público. Así los policías se pueden dedicar a gestionar los atascos desatendiendo a los coches mal aparcados, los excesos de velocidad, o los pasos de cebra que no se respetan.

Mientras sigamos aceptando que la solución es ‘tener cuidado’ en lugar de exigir espacios seguros y accesibles, seguiremos perpetuando un sistema que pone en riesgo a los más vulnerables.

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