Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | En aquel tiempo

Un Jueves contracultural

El Papa Francisco en una imagen del pasado mes de octubre

El Papa Francisco en una imagen del pasado mes de octubre

No andamos sobrados de referentes. Los pocos que habían han desaparecido o los años impiden su protagonismo. Es cierto que Francisco sigue ahí, pero también es evidente que bajo de forma, monumento visible de paciencia y de fortaleza. Y por supuesto, en tantos lugares de este viejo planeta, existen personas - que no personajes - que muy bien podrían ser referenciales… pero los desconocemos, unos entre tantos otros. Los escondidos de la Historia.

Y sin embargo, año tras año, nos empeñamos, por lo menos los cristianos, en recuperar a un tal Jesús, el hombre de Nazaret venido a más, como nuestro «referente necesario» para nuestras vidas, con la obligación de entregárselo a toda la sociedad desde la humildad pero no menos desde el descaro. Otras cuestiones tal vez nos estén vedadas en una sociedad que ausenta a Dios, manifestado en ese Jesús, pero proclamarlo es una obligación sin excusa posible.

Estas líneas van de esto mismo, de cumplir un deber de conciencia creyente, pero también del periodismo como «arma estructural». Porque absolutamente contracultural es escribir que en Jesús/Jesucristo tenemos el gran referente para nuestro momento histórico, tan instalado en la mediocridad y en el uso del poder como arma de destrucción masiva. Precisamente hoy, este Jueves Santo que seguramente muchos celebramos el recuerdo de aquella cena paradigmática en que se prefigura el servicio cristiano como instrumento óptimo para ser «creyentes en Jesús». El Maestro que sirve y enseña a que nosotros sirvamos. De todo punto, una enseñanza contracultural. Aunque parezca extraño.

Cuanto nos rodea, al menos lo más glamuroso, es una llamada insistente al ejercicio del poder, con desmesura y desprecio del otro/a, apenas con un mínimo de respeto y sensibilidad. De golpe y porrazo, una persona en su imperial soledad, ha decidido desarticular nuestra sociedad mundial, mostrándonos pedagógicamente una pizarra en la que constan sus proyectos arancelarios. Y al hacerlo, se ha convertido en un obligado referente porque nuestro futuro, en parte relevante, depende de tal pizarra, aunque resulta inverosímil. Pero es que también el exterminio de Gaza permanece y la invasión de Ucrania permanece, y la xenofobia permanece, y la plutocracia permanece, y las bolsas de pobreza permanecen, y nuestra misma distancia de tantas desgracias, no sólo la presencia de Trump, esa distancia también permanece. Podríamos ser referentes en nuestro propio ámbito de vida, pero entonces nos convertiríamos en contraculturales, lo que implica pagar un precio costoso y peligroso. Hemos decidido huir de toda referencialidad y vivir tranquilos en medio de un mundo que, hace nada, nos parecía saltar en pedazos. Así ha sucedido. Ahora, respiramos con cierta tranquilidad… si bien sin seguridades permanentes. No sabemos nada del incierto futuro. No sabemos nada de nada del señor de la gorra y el pelo amarillo. Ni de sus compinches.

Pues bien, en este mundo colérico y desajustado, nuestro referente sustancial es ese hombre misterioso que, en un momento dado, y antes de cenar con sus amigos por última vez, hace confesión pública de un «servicio abnegado», mientras lava los pies a sus amigos, antes de cenar por última vez con ellos. Una especie de «referencia última» como «testamento definitivo». Y, acto seguido, les manda a hacer lo mismo entre ellos, a imitación suya. Eso que Francisco llamará «misericordia», porque todo acto de servicio implica una opción misericordiosa.

Desconozco si alguno de nosotros/as caminará por este existente sendero, pero estoy convencido de que cualquier otro solamente procupará más contradicción y dolor sin cuento. Experiencia tenemos, aunque no le hagamos caso alguno. Jueves Santo contracultural. A los pies de los demás. Para ayudarles a caminar mejor, con mayor agilidad. Y como referente de tal actitud, Jesucristo, el Maestro Bueno, capaz de salvarnos del egoísmo dominante. Nuestra felicidad depende de esta opción. Que está en nuestra mano.

En fin, no vale estar siempre «a la contra». De vez en cuando hay que aportar soluciones personales. Una vez más, es un problema de conciencia. Y cada uno tiene la suya.

Suscríbete para seguir leyendo

TEMAS

  • Jesús
  • Pizarra
  • Cristiano
  • Periodismo
Tracking Pixel Contents