Opinión
El nuevo Son Dureta es urgente

Vista del edificio semicircular de Son Dureta, en pleno derribo, con los nuevos edificios detrás / Servei de Salut de Baleares
No hay actualmente una obra pública en Mallorca que vaya a tener en cuanto esté terminada un impacto más importante y transformador que el nuevo centro sociosanitario de Son Dureta.
En primer lugar por el efecto liberador que una infraestructura sanitaria de este envergadura, centrada en enfermos crónicos y personas mayores, supondrá para la sanidad pública en general y para los principales hospitales de agudos en particular, principalmente Son Espases y Son Llàtzer, centros habitualmente saturados y con listas de espera interminables por el aumento desmesurado de población, pero también por tener que atender, además, a un tipo de paciente recurrente de mayor edad que requiere ingresos más prolongados de los que puede permitirse un hospital convencional.
En segundo lugar, porque, por ese mismo motivo, se construye para dar una respuesta asistencial más adecuada al envejecimiento general de la población, todavía menos acusado en Baleares que en otras comunidades autónomas, pero también muy significativo. En las islas por cada 100 menores de 16 años hay ya 109 mayores de 64 años. El índice de envejecimiento de la población ha pasado en diez años del 88,6% al el 109,6%. Y el número de enfermos crónicos reconocidos supera los 20.000, datos a los que la sanidad pública no puede ser ajena si no quiere avanzar hacia el colapso.

Obras de los tres nuevos edificios, el hospital de larga estancia, el de consultas externas y el centro de salud / Miguel Vicens
Así que bajo la dirección de los arquitectos de Rafael de la Hoz, uno de los profesionales del momento en España, y de Maria Nicolau, hija del reconocido arquitecto mallorquín Pere Nicolau, Son Dureta ha empezado a resurgir de sus cenizas, 15 años después del traslado de sus últimos pacientes al Hospital Universitario de Son Espases y 70 años más tarde de su inauguración.
Las obras, con un presupuesto de 178 millones de euros a los que el Govern ha inyectado esta semana 21 millones más, ya permiten contemplar lo que serán los tres primeros edificios en toda su altura, que se prevé que estén listos en 2027: el hospital de larga estancia, con 240 camas y pensado para periodos de hospitalización de dos a tres meses; el edificio de consultas y pruebas diagnósticas; y finalmente el nuevo centro de salud, que prestará servicio a 20.000 residentes en Palma. Para levantar el hospital de media estancia, con otras 320 camas, falta aún finalizar el derribo del antiguo edificio semicircular, que va con retraso, aunque ya han desaparecido sus once anexos.
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