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Opinión | Tribuna

¡Vendo óvulos baratos, señora, me los quitan de las manos! 

Fertilidad: ¿Hasta qué edad se pueden congelar óvulos?

Fertilidad: ¿Hasta qué edad se pueden congelar óvulos? / GettyImages

Perdonen el tono sarcástico del título, oculta el enfado y la frustración ante una situación que permanece encubierta, banalizada y que amenaza los derechos sexuales y reproductivos. Las mujeres hemos luchado mucho por acceder al mundo laboral y lograr independencia económica. Los hombres no quisieron perder sus privilegios de no ocuparse de las tareas reproductivas y de cuidados, así que las mujeres aceptamos, como mal menor, la llamada doble jornada. Nuestra incorporación al empleo y la justa aspiración a hacer carrera en él obliga a retrasar la maternidad, tensionando nuestra biología, esa que dicta que la edad idónea para parir es entre los 20-35 años. Incompatible con hacer carrera.  

Los Estados y las sociedades miran hacia otro lado, como si no fuera de vital importancia asegurar la especie humana, como si éste fuera solo un deseo particular. En vez de garantizar una sociedad más justa redistribuyendo el esfuerzo productivo y el reproductivo, hacen un enorme y lucrativo negocio con la biotecnología desarrollando técnicas de reproducción asistida. Desde hace años los periódicos se hacen eco de que las mujeres, obligadas a batallar entre las esfera productiva y reproductiva, han ido optando por congelar óvulos para cuando pudieran fertilizarlos y ser madres, después de asentar su carrera profesional. Aquellas que no han sido previsoras pueden optar por comprar semen y óvulos ajenos en unas clínicas de fertilidad que han prosperado discreta pero espectacularmente. España es el país europeo con más clínicas con esta técnica. Tanto es así que se habla de turismo reproductivo, pues miles de europeas vienen a las costas españolas a recibir tratamiento de fertilidad mientras gozan de buenas temperaturas. Especialmente la Costa del Sol y la Comunidad valenciana se han ido llenando de esas clínicas. Pero ¿dónde encuentran tantos óvulos para el negocio? Una pista es este titular de un periódico malagueño de hace dos años: «A la caza del óvulo universitario malagueño: FIV Marbella empapela el campus por mil euros la donación». 

Oficialmente piden a las jóvenes de 18 a 30 años un gesto altruista ¿cómo no donar óvulos para que otra mujer pueda hacer realidad sus deseos maternales? Lo que ocultan es que la joven que decide ser donante ha de pasar por un tratamiento de estimulación ovárica, a través de pastillas, pero también con inyecciones. Si en un ciclo normal una mujer produce un óvulo, con el tratamiento la cifra se multiplica hasta alcanzar los 20, normalmente. Lo que se oculta son los muchos y variados problemas de salud que esta sobreestimulación ovárica puede acarrear. Las clínicas han puesto sus ojos y su avaricia en los óvulos de universitarias a las que pagan alrededor de 1000 euros «por las molestias». Pero hay que leer la letra pequeña: «En caso de que a medio tratamiento decidas echarte atrás, no recibirás compensación económica alguna y deberás abonar el coste de las pruebas y análisis que te hayamos realizado hasta el momento de la cancelación». 

Lo que se deriva de esto es: 

El capitalismo estruja a las jóvenes profesionales que no encuentran el momento de ser madres (mandato patriarcal) hasta final de la treintena-principio de la cuarentena.  

La tasa de fecundidad es baja en este tramo de edad, dejando a muchas, como única posibilidad, ponerse en manos de la industria biotécnica para embarazarse.  

Según informes, empresas de reproducción asistida se extienden por toda la costa española en un negocio que mueve cientos de millones de euros (Sistema capitalista). Además, ya se puede elegir, y se hace, que óvulos y semen sean de donantes de raza blanca, instruidos, atractivos… (clasismo y racismo).

Mujeres y hombres del sur de Europa con necesidad económica se ven abocadas a vender su semen y sus óvulos (la diferencia es que para los hombres no supone ningún riesgo para su salud).

Del norte más opulento llegan al sur en lo que podríamos afirmar sin equivocarnos «Turismo reproductivo». 

El tratamiento es caro, solo al alcance de gente con cierto poder adquisitivo, las pobres se tragan sus ganas de ser madre si nunca han logrado tener un trabajo estable con sueldo razonable. Eso sí, pueden vender sus óvulos de joven. 

Todo esto para no abrir el gran melón de la explotación y la agresión a nuestros cuerpos que sufrimos las mujeres en este sistema patriarcal del que saca su máximo provecho el Capitalismo, aún a costa de nuestra salud. 

Puro y boyante Mercado neoliberal, la Banca siempre gana. Las mujeres seguiremos siendo mercancía. Nadie se acuerda de lo que dejó escrito Kant: Las personas no tienen precio, tienen dignidad.

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