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Opinión | Tribuna

La igualdad no es un juego de suma cero

Varias mujeres trabajando en una cooperativa.

Varias mujeres trabajando en una cooperativa. / Alejandro Monzón

Ante la amenaza de retroceso en algunas partes del mundo, la reivindicación por la igualdad entre hombres y mujeres en todas las esferas de la vida es hoy más necesaria que nunca. Ante la creciente opinión que la igualdad ya está conseguida, hay que aportar datos objetivos que lo desmienten. Y ante las corrientes políticas que quieren que la mujer se centre en su función reproductiva y abandone la función productiva, debemos informar que toda la sociedad gana cuando las mujeres trabajan en igualdad de condiciones que los hombres.

Los avances conseguidos son muchos, sobre todo en derechos y acceso a la formación y al mundo laboral, pero todavía estamos lejos de conseguir la igualdad real y efectiva. Sin embargo, la percepción equivocada de que la igualdad ya se ha conseguido es preocupante, porque puede desmotivar la adopción de medidas para seguir avanzando. En un estudio reciente del Observatori Dona, Empresa i Economia de la Cámara de Comercio Barcelona, hemos visto con sorpresa que un 42% de empresas creen que no existe discriminación hacia las mujeres en el mercado laboral, frente a un 20% que sí lo creen (Encuesta de Clima Empresarial del tercer trimestre de 2024). Quizás el hecho de que tengamos leyes que promueven la igualdad puede hacer pensar erróneamente que ya no existe discriminación. Pero lo cierto es que las brechas que persisten hoy son las más difíciles de eliminar, porque están más arraigadas a patrones culturales y mentales.

Multitud de datos certifican la existencia de desigualdades de género en el mercado laboral, que se manifiestan de muchas maneras (sectores feminizados, techo de cristal, jornada parcial, economía sumergida,...), pero quedan resumidas en una cifra: las mujeres cobran un 19,5% menos que los hombres en Catalunya.

Un estudio reciente de Libertad González y Alicia De Quinto señala que las políticas de conciliación han ayudado a la permanencia de las mujeres en el mercado laboral y a mejorar sus ingresos en el largo plazo, al permitirles mantener el empleo y compatibilizarlo con la maternidad. El problema es que estas mismas políticas de conciliación no han fomentado que los hombres entren más en el mundo de los cuidados, a excepción de la equiparación de la baja paternal y maternal, que sí parece haber contribuido tanto a aumentar la dedicación laboral de las mujeres como a aumentar la participación de los hombres en los cuidados.

Incentivos económicos

La realidad es que las mujeres han tenido incentivos económicos para entrar en el mercado laboral, pero los hombres no tienen los mismos incentivos económicos para compartir las tareas del hogar y los cuidados. Mientras no repartamos esta responsabilidad por igual, las mujeres van a tener muchas más dificultades para avanzar en el mundo laboral o bien van a acabar renunciando a la maternidad deseada.

Las mujeres desean compartir más esos cuidados. Según los datos de la Encuesta de Población Activa (INE), más de un tercio de las mujeres con hijos menores de 5 años y más de la mitad de las mujeres con hijos de 5 a 15 años que trabajan a tiempo parcial desearían trabajar más horas. Y, por otro lado, los hombres que participan en los cuidados también ganan, no económicamente, pero sí se ha estudiado que son más felices y están más sanos. Necesitamos referentes de hombres cuidadores que muestren con orgullo la importancia de esta tarea.

El error es pensar que la economía es un juego de suma cero, donde las mujeres desplazaran a los hombres. En realidad, el aprovechamiento del potencial femenino generará mayores beneficios a las empresas, porque las mujeres tienen más formación y competencias clave para gestionar los retos actuales, lo que permitirá el crecimiento empresarial. El resultado será un aumento del PIB porque crecerá la ocupación, el salario medio, la productividad y se cubrirán vacantes en sectores de alto valor añadido. Nadie pierde, la sociedad gana.

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