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Opinión

Alemania vuelve a estar dividida

Friedrich Merz.

Friedrich Merz. / EFE

A juzgar por las elecciones del pasado domingo, que dieron el triunfo a los cristianodemócratas de Friedrich Merz sobre la ultraderecha y relegaron al tercer lugar a los socialdemócratas, Alemania vuelve a estar dividida.

En realidad lo ha estado económica y sociológicamente siempre desde la reunificación en 1990 del país, que fue en realidad la absorción de la parte más pobre, la excomunista, por la próspera Alemania occidental, que se había visto además favorecida por el plan Marshall.

Muchas empresas de la mal llamada República Democrática Alemana se cerraron en años posteriores mientras que otras las compraron a precio de saldo otras más potentes de la RFA y numerosos germano-orientales perdieron el trabajo y tuvieron que emigrar a la otra parte del país.

El resultado de todo ello es que, como quedó perfectamente en evidencia en esas elecciones, los alemanes a uno y otro lado de la antigua línea divisoria han votado de forma distinta.

Y si en los länder (Estados federados) de la parte occidental, la CDU y la CSU bávara fueron los más votados, en los de la antigua RDA se impuso con su discurso anti inmigración la ultranacionalista Alternativa para Alemania.

Discurso al mismo tiempo favorable a la apertura de negociaciones con Rusia en busca de la paz en Ucrania y del fin de las sanciones a ese país, que impiden que siga llegando a Alemania su energía barata, uno de los factores de la hoy perdida competitividad de su industria.

Pero si hay otra cosa que destacar de las elecciones del domingo, es el hecho de que todos los partidos que lograron representación parlamentaria son partidarios del rearme del país frente a una Rusia que los medios presentan continuamente como amenaza.

Aparte de Alternativa para Alemania, que pese a sus posiciones pro Putin y pro Trump también apoya el aumento del presupuesto militar, el único otro grupo favorable al entendimiento con el Kremlin es la Alianza Sahra Wagenknecht (BSW), que quedó, aunque por muy poco, fuera del Bundestag.

La fundadora de ese grupo escindido de Die Linke (La Izquierda) y al que da nombre fue objeto de una feroz campaña de difamación en los principales medios del país, que la tacharon de «putinista» como hacen con cualquier partidario de la diplomacia y del diálogo con el Kremlin.

Si era del todo esperable el éxito electoral de Alternativa para Alemania, que con su discurso populista de corte xenófobo ha doblado sus resultados hasta quedar por delante de socialdemócratas y verdes, la sorpresa ha sido la resurrección de La Izquierda.

Una izquierda a la que se daba por muerta, pero que bajo una nueva dirección y gracias a una campaña en internet dirigida a los jóvenes ha logrado superar la escisión de BSW hasta casi rozar el 9 por ciento de los votos.

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