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Un refugio antiaéreo en Es Jonquet

Una calle de Es Jonquet. / A.F.
Se están dando los pasos definitivos para que se pueda construir sobre la parcela que queda urbanizable en el talud de Es Jonquet. Esos nuevos pisos no tendrán nada que ver con las humildes construcciones que había en los años de la guerra civil, ni sus callejas nada con el nuevo entramado de las edificaciones previstas. Aunque lo cierto es que lo autorizado ahora es mil veces mejor que lo que amenazó durante mucho tiempo con destruir para siempre el encanto de una zona privilegiada de esta ciudad. Recordarán a la poderosa Acciona que pretendía vaciar todo el montículo, construir un enorme aparcamiento en su interior con acceso desde el Paseo Marítimo y sobre él un centro comercial y pisos para ricos. Una vulgaridad que llenaría los bolsillos de unos pocos y arrasaría el alma de una parte de la ciudad cargada de historia.
Fue entonces cuando David se levantó contra Goliat y se hizo valer ese pasado histórico y su gran encanto. La famosa campaña Salvem Es Jonquet triunfó, consiguiendo la declaración de Bien de Interés Cultural con la categoría de Conjunto Histórico para un barrio que se lo merecía. Hablo del 2009 y allí estuvo ARCA (siento nombrarla tanto, pero es que está en todas las salsas) y el abogado Josep Massot en los juzgados, batallando contra los bufetes de juristas peninsulares, ganando la partida cuando más se necesitaba, ya que la ambición de los destructores era tan grande que no dudaron en llevar hasta los tribunales la declaración de BIC. La cuestión es que les salió el tiro por la culata, y un abogado de pelo rizado y paciencia de santo les plantó cara y ganó.
Ha llovido mucho desde entonces. Se tardó once años en hacer un plan especial de protección en el que sigue habiendo fallos importantes, a mi juicio. Pero mal que bien, las cosas están mucho mejor que lo que se podría esperar del empuje del poderoso don dinero, que sigue ganando, pero no en todo. Recuerdo las reuniones con el regidor Valls para evitar el mazacote enorme, que desfiguraba y robaba la armonía al paisaje.
Y saben una cosa que para mí cobra importancia ahora, fíjense qué tontería, pues parece ser que en la ordenación de la urbanización del talud, que ya no se destruye, si no que seguirá una estética de edificios escalonados de pocas alturas, se preserva gran parte de un refugio antiaéreo que casualmente se encontró en unas prospecciones. Les decía que puede parecer una fruslería, pero a mi juicio ahora es todo un símbolo, el símbolo de la voluntad de preservar un rastro de la historia, el de la Guerra Civil a la que me refería al principio. Un símbolo que recoge el homenaje a las personas que en su día buscaron en él cobijo, con miedo, al sonar las alarmas.
Es Jonquet seguramente no está a nuestro alcance para vivir en él, pero es un lugar precioso para ir a pasear. Y tiene algún mirador público, dos molinos de propiedad municipal y tres más que se deberían rehabilitar y dignificar. En primer lugar, habría que erradicar de una maldita vez la discoteca de uno de ellos para que el vecindario, que tanto cuida sus calles, pueda vivir sin ruidos, meadas ni suciedad por doquier.
En esa tarea de dignificar la zona me consta que Cort ha limpiado de pintadas vandálicas gran parte del barrio. Que no se canse ni desista. A los incívicos se les gana siendo constante. Y desde la ciudadanía seguiremos luchando contra ese «tanmateix» tan nuestro. La demostración de la mentira del «tanmateix», que indica derrotismo, está precisamente en todo lo que se ha logrado en Es Jonquet. Y si no, que se lo pregunten al doctor José María Sevilla, que hace décadas se paseaba por el barrio controlando la insalubridad y combatiendo enfermedades. ¡Vaya diferencia!
Todo se puede hacer mejor, pero quizás hay que ver también lo bueno y aplaudir a tanta gente que luchó contra las drogas y por una vida digna, y alabar algunas intervenciones municipales acertadas previas al BIC, siempre acompañadas y a veces obligadas por la acción de las entidades cívicas organizadas.
Así que seguiremos disfrutando de Es Jonquet y algún día, a lo mejor, podamos contemplar ese rastro de las escaleras de un refugio antiaéreo y abogar por la paz, tan necesaria.
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