Opinión | Miel, limón & vinagre
José Luis Ábalos, diputado: El fiel escudero desterrado del paraíso

El juez pide al Supremo investigar el «papel principal» de Ábalos en el caso Koldo. / EPE
Lo fue casi todo a la sombra de Pedro Sánchez hasta que se achicharró en la parrilla de las malas compañías. El fiel escudero se cayó con todo el equipo cuando su carrera parecía meteórica. ¿No querías Koldo? Toma Koldo (García) y medio. José Luis Ábalos (Torrent, Valencia, 1959) cambió en plena tormenta de hiel las moquetas por las piedras calientes de un pasillo al ostracismo. Sus guisos bien condimentados en los platós de televisión se volvieron indigestos cuando las portadas empezaron a apretarle las tuercas. Es inevitable pensar en clave trágica que Ábalos combina perfiles de caballero de la triste figura que se creyó sus propias ensoñaciones, y de Sancho Panza, atribulado por el lanzazo de su señor.
Ábalos se ganó la medalla de la lealtad porque fue uno de los pocos dirigentes que no dejaron tirado a Sánchez cuando sus propios barones y la oxidada guardia del partido lo apostaron todo por Susana Díaz. Moviola: Sánchez perdió la batalla de la secretaría general en el comité federal del 1 de octubre de 2016. Pero no aceptó la derrota. Cabalgó en su coche para ir a las casas del pueblo y ganarse a pulso el apoyo de los militantes. Ganó las primarias de 2017 y sus compañeros de viaje pasaron a tener boletos de sobra para la lotería de los cargos. Entre ellos, claro, José Luis Ábalos.
Sánchez se puso en modo napoleónico, volvió a ordenar en Ferraz y mandó a Mariano Rajoy al registro de la propiedad con la moción de censura de junio de 2018. Ábalos tuvo doble premio. El perrito piloto de la secretaría de Organización del PSOE y el mecano del ministerio de Fomento y de Transportes. Ahí se escribió el primer capítulo de un culebrón envenenado por Koldo García Izaguirre, el hombre de confianza de un ministro que pasó de ser súper a ser ex.
¿Sospechaba o sabía algo Sánchez de aquel tóxico Koldo de cultivo cuando le enseñó a Ábalos la puerta de salida? Las escopetas de la oposición y (citando al Presidente) la fachosfera apuntaron desde el principio al amo de las llaves monclovitas. ¡Por supuesto que lo sabía!, tronaron. Ábalos no quiso hacer sangre de aquella cornada, quizá por motivos sentimentales. No en vano conocía a Sánchez desde 2009 en el debut parlamentario de ambos. Sánchez era portavoz en la comisión de Cambio Climático y Ábalos en la de Medio Ambiente. Vasos comunicantes. Ábalos, con buena mano didáctica entrenada como (fugaz) maestro de primaria, tuvo buen ojo y apostó por el entonces novato político para ayudarle en su camino a la cumbre. Uno ansiaba la luz, el otro se manejaba con destreza en las sombras.
La buena suerte de Ábalos empezó a torcerse cuando, siendo ya ministro, se reunió en enero de 2021 con la vicepresidenta venezolana Delcy Rodríguez en Barajas durante una escala del avión en el que viajaba la número dos del régimen bolivariano. Se armó una buena: Rodríguez tenía prohibida la entrada en el espacio Schengen. Ábalos fue a recibirla en un coche oficial que conducía (¿adivinan quién?) el mismísimo Koldo García.
Se afilió a las Juventudes del PCE en 1976 cuando aún eran ilegales y un año antes de que el PSOE diera el «sorpasón» electoral, trabajó a destajo en la trastienda del PSPV en una época de cuchillos largos y confianzas cortas.
Era lo que se conoce como un buen fontanero de partido. Concejal del Ayuntamiento de Valencia desde 1999 a 2007 y asesor del grupo municipal los siete años anteriores, se conocía al dedillo los anillos del poder. Sacó provecho a su experiencia como negociador con los nacionalistas vascos y catalanes. Se armó de valor para defender la moción de censura contra Rajoy, que finalmente salió adelante cuando casi nadie daba un euro por ella. Ahora está en ese sándwich (del grupo) Mixto a la espera de cómo evoluciona lo suyo.
Ahora le toca bailar con las noticias más feas, nada que ver con el gustazo de practicar cuando puede los ritmos latinos. Es un político atípico: le gusta leer. Creció rodeado de hermanas en una familia de fabricantes de muñecas artesanales. Su padre fue un olvidado extorero conquense al que la guerra robó sus sueños: Heliodoro Ábalos ‘Carbonerito’. Su hijo no intentó seguir sus pasos, ni mucho menos, aunque sí heredó su inclinación a las familias numerosas. Dicen quienes le tratan que lleva una vida austera, que es un tipo con buen rollo salvo cuando se enfada. Sentenció una vez que «a la política no se viene a hacer amigos, se viene a hacer política». Sanchismo puro. De Sánchez, no de Sancho. ¿O será al revés? Una frase lapidaria que cobra más sentido que nunca ahora que, tras décadas toreando entre embestidas y estocadas, ha recibido una cornada en arenas arrojadizas.
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