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Opinión | Tribuna

La filosofía y los conflictos armados

El Día Mundial de la Filosofía (DMF) se estableció el tercer jueves de cada mes de noviembre por la UNESCO. Este año 2024 es el jueves 21. Desde la escuela de filosofía Es Racó de ses Idees queremos dedicar unas breves palabras a recordar el valor de esta disciplina.

Esta vez nos referiremos a la situación por la que atraviesa la Humanidad, pues ni la Filosofía ni el filósofo pueden permanecer ajenos a las circunstancias que intervienen en la vida de los seres humanos. Ontológicamente, no somos las circunstancias, pero ¡verdad qué duelen!

Por ejemplo, los conflictos armados, las guerras sin cuartel, holocaustos sangrientos en el que se inmolan millones de vidas humanas, la mayoría inocentes ciudadanos que fallecen con una pregunta final y trágica en la mirada, «¿por qué?». «¿Por qué morir en vano en una guerra que no soluciona nada?».

Hay en la filosofía clásica griega ideas sobre la guerra que coinciden con otras de la vieja India y que nos posibilitan entender el sentido de la guerra. Por ejemplo, en Heráclito los conceptos de «lucha» y «armonía» son inseparables. Para el sabio de Éfeso, la realidad es unión de contrarios, en la vida hay tensión y conflicto. Afirmó, enigmáticamente, que «la guerra es la madre de todas las cosas». La existencia de los contrarios hace posible el constante devenir, el eterno fluir simbolizado por las aguas del río. Ahora bien, de la tensión universal de todas las fuerzas que se contraponen surge la armonía; de la oposición y la lucha, el equilibrio. No existe fecundidad posible ni fuerza creadora al margen de esta oposición de los contrarios. La armonía por oposición es la ley de las cosas y la unidad del mundo. Es decir que de la oposición de intereses debe emanar el acuerdo; de la oposición entre lo bueno y lo malo debe emanar el Bien, como de la noche y del día surge la aurora y el amanecer con toda su promisoria belleza. Para que el conflicto, la guerra entendida en un sentido amplio, produzca equilibrio y armonía, primero debe superarse en el mismo ser humano.

La misma idea la encontramos en la filosofía ética contenida en el Bhagavad Gîta. El personaje principal de esta gran obra de la filosofía universal, el príncipe Arjuna, el tercero de los cinco hijos de Pandú, siente temor al contemplar que sus «parientes» y «amigos» están dispuestos a enfrentarse en el campo de kurukshetra. Entonces su Maestro, el divino Khrishna, le interpele recordándole que en las guerras externas, en las que se ha enfrentado a otros guerreros, nunca apareció el miedo en su rostro. Y le recuerda que la única guerra legítima es la que ha de enfrentar contra sí mismo.

Mientras los seres humanos no seamos capaces de superar nuestros miedos, traumas e insanas ambiciones, seguiremos viendo enemigos en los que nos rodean. Esta es la causa profunda de la existencia de guerras y conflictos armados en el mundo. La ambición, el ansia de poder, la necesidad de venganza, etc. Si no las superamos en nosotros mismos, nos conducirán irremediablemente a enfrentarnos a los demás.

Otro grandísimo filósofo, Marco Aurelio, heredero de la filosofía griega, entiende que para que la armonía y el equilibro se den en la vida individual y en la colectiva, debemos practicar con toda el alma la justicia y educarnos en la verdad. Junto con la piedad, la justicia constituye la exigencia suprema de la naturaleza esencial de los hombres. Este profundo sentimiento de la solidaridad universal encuentra su expresión última en el amor al género humano. La verdad es que todos tenemos defectos y producimos daño. La justicia es actuar teniendo en cuenta esto y no echarle la culpa de nuestros males a los demás individuos ni pueblos.

Grandes ideas que provienen de la Antigüedad y que hoy, más que nunca, conviene tener en cuenta si queremos parar las guerras que yerman los campos del mundo.

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