Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Tribuna

¿La solución final?

No sabemos si Netanyahu permitió aquel ataque del 7 de octubre. Israel posee una de las inteligencias militares más poderosas del mundo. Quizás se aprovechó de él para paliar su baja popularidad en Israel (morir matando). Pero, seguramente, su plan sea culminar el proyecto de un Israel definitivo que prescinda absolutamente de los palestinos. ¿Cómo? Aniquilando a los palestinos física y mentalmente, acabando con su existencia o con sus últimas esperanzas. Los que sobrevivan tendrán que escoger entre morir o huir. Israel está perpetrando en Gaza un genocidio de manual. Gaza ha soportado, en términos cuantitativos (por número de víctimas), unos 40 «sietes de octubre» desde aquella fecha. Sin embargo, a nivel cualitativo, ha padecido ya demasiados años de ocupación e inhumanidad por parte de los sucesivos gobiernos de Israel.

Israel ha asesinado a más de 42.000 personas. Personas con las que compartimos sueños, anhelos, proyectos, amores y todo aquello que forma parte de toda vida humana. Por mucho que Aznar y otros señores de la guerra pretendan convencernos de lo contrario arrastrándonos al lado oscuro de nuestro corazón para deshumanizar a los palestinos. Israel ha asesinado a 130 periodistas en Gaza, el 35% del sector. Más de 200 trabajadores humanitarios han sido asesinados. Netanyahu ha bombardeado escuelas, donde se trabajan contenidos como los que aprenden nuestros hijos en sus colegios. También ha bombardeado hospitales. Hace pocos días, el mundo observaba cómo mujeres y niños eran quemados vivos en el ataque al hospital Al Aqsa, en Deir al Balah.

Ahora, Netanyahu ha decidido expandir el conflicto al Líbano, atacando, e incluso gaseando (¿no resulta paradójico?) a cascos azules de las Naciones Unidas. El gobierno israelí hizo explotar hace un mes, sin importar a quién mataría, dispositivos de comunicación utilizados por una parte significativa de la población libanesa. Los ataques indiscriminados en Gaza y el infierno en la Tierra al que ha condenado el gobierno de ultraderecha israelí a los palestinos se ven opacados ahora por un conflicto que se extiende a más países, poniendo en riesgo la seguridad de toda la región. No deja de ser paradójico y freudianamente perverso que quienes se erigen como víctimas de ese mal absoluto perpetrado por el nacionalsocialismo entre los años 1939 y 1945, del cual nos hablaba Hannah Arendt, ahora perpetren una suerte de «solución final» para Palestina. En lugar de cámaras de gas, su mortífero método es la aniquilación y el desplazamiento mediante bombardeos indiscriminados. Sus víctimas, despojadas de sus tierras, viven ya en una desazón perpetua, y a veces prefieren dejar de vivir esta tortura insoportable antes que sobrevivir viendo cómo el mundo que conocían va desapareciendo.

Cuando Hitler y sus secuaces defendieron la solución final, al principio ésta no se contemplaba necesariamente como la aniquilación física de la población judía. Una de las posibilidades era el desplazamiento forzado. No sabemos si es lo que pretende Netanyahu con Palestina. Lo que sí sabemos es que el presidente israelí es la cristalización de un proyecto sionista radical. Este proyecto lleva mucho tiempo, junto a la mayoría de los medios israelíes, deshumanizando a los palestinos, como hizo el Tercer Reich con los judíos. Permanecer impasible frente a la solución final de Netanyahu es, como el perpetrador mismo, inhumano. Y ante la inmundicia y la miseria de quienes hacen de este mundo un lugar peor, solo nos queda protestar y exigir a nuestros gobiernos e instituciones que hagan todo lo posible para detener el genocidio. El ser humano es capaz de algo mucho mejor. Si permitimos la barbarie, sea donde sea, esta vendrá a por nosotros tarde o temprano y se apoderará de los corazones de demasiada gente, cuando ya sea demasiado tarde.

TEMAS

  • Gobierno
Tracking Pixel Contents