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Opinión | Tribuna

Mezclar hidrógeno verde de Lloseta en la red de gas de Mallorca es una idea malísima

Planta de hidrógeno verde de Lloseta

Planta de hidrógeno verde de Lloseta / Manu Mielniezuk

Muchos medios publicaron sin cuestionar la semana pasada una noticia celebrando que el hidrógeno verde de Lloseta se mezclara en la red de gas de la isla como una especie de «victoria» de la sostenibilidad.

Todo lo contrario. Este paso es un desastre energético, además de una locura económica. El único beneficiario es la industria del gas, que consigue pintarse de verde, retrasar la transición energética y continuar con un modelo de negocio rentable pero contaminante.

El hidrógeno verde (fabricado con renovables) se necesita urgentemente para sustituir al hidrógeno sucio (fabricado con combustibles fósiles) en la producción de fertilizantes, la industria química y otros sectores, pero actualmente representa menos del 1% de la producción mundial.

Un artículo científico publicado recientemente en la revista Energy Science & Engineering concluye que la infraestructura de gas existente es en gran medida incompatible con el hidrógeno y no puede reutilizarse sin amplias y costosas adaptaciones. Mezclar cantidades muy pequeñas (como el 2% de Mallorca) es técnicamente viable, pero ofrece una reducción insignificante de las emisiones.

El profesor David Cebon, de la Universidad de Cambridge, dejó muy clara su opinión: «El hidrógeno limpio escasea en todo el mundo y es muy caro. Debe reservarse para usos prioritarios que carezcan de opciones alternativas de descarbonización, en sectores como la industria. Mezclar hidrógeno en los gasoductos de gas simplemente no tiene sentido, porque degrada significativamente el valor del hidrógeno, haciendo que el gas mezclado sea demasiado caro a menos que haya importantes subvenciones gubernamentales».

Esta mezcla en Mallorca no tiene sentido financiero y sólo se ha llevado a cabo gracias a grandes subvenciones. Pagamos los contribuyentes por algo que beneficia a la industria del gas y no ayuda a la lucha para mitigar el cambio climático.

Compartí la noticia a través de la red social X con el experto mundial en hidrógeno Michael Liebreich. Su respuesta fue que el proyecto era una «idiotez» y que causaría una «¡destrucción instantánea del 88% del valor del hidrógeno!». Luego añadió que para él la mezcla es «la idea más estúpida de Stupidville» y que «sería más sencillo simplemente quemar billetes de euro».

Este despilfarro es como mezclar una botella de vino que cuesta 100 euros con Coca-Cola para hacer un calimocho. Solo ayuda a las compañías de gas a justificar el uso continuado de un combustible fósil con cuya venta ganan dinero.

Sabemos que el hidrógeno verde también va a alimentar autobuses de la EMT y un hotel Iberostar. El experto en energía Jan Rosenow, director para Europa del think tank Regulatory Assistance Project, ya advirtió que no tiene sentido utilizar hidrógeno en edificios, y los expertos de la Hydrogen Science Coalition afirman que «la calefacción de edificios con calderas a base de hidrógeno renovable requiere aproximadamente seis veces más electricidad que el uso de bombas de calor eléctricas. Del mismo modo, un camión o un autobús con pila de combustible de hidrógeno necesita aproximadamente tres veces más electricidad que uno alimentado por una batería».

Sería más eficiente y barato utilizar la energía renovable de los parques solares de Lloseta (8,5 MW) y Petra (6,8 MW) para electrificar directamente edificios y vehículos, en lugar de desperdiciarla fabricando hidrógeno para estos usos.

Podemos alimentar la red eléctrica, nuestros hogares y el transporte mediante energías renovables, bombas de calor, vehículos eléctricos y baterías. La UE importa el 85% de su gas, pero a medida que electrifiquemos nuestra economía esta cifra se reducirá en un 70% a mediados de siglo - una buena noticia para la seguridad energética. En las próximas décadas tendremos que desmantelar infraestructuras de gas.

Todos los agentes implicados en la transición energética de Balears, y en particular nuestros representantes políticos, deben examinar este proyecto de forma más crítica y reclamar un uso más sensato del valioso hidrógeno verde que Lloseta puede estar orgullosa de producir.

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