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El notición del Jardín Botánico de Palma

Imagen de la zona de Ses Cases des Retiro. / B. Ramon
Estoy muy contenta y tengo ganas de pregonarlo. Palma, 200 años después del primer intento, tendrá un jardín botánico de verdad. Es un notición como pocos.
Desde el siglo XVI, la pasión por la botánica ha movido proyectos en ciudades de todo el mundo. Muchos jardines botánicos se concebían como lugares para estudiar propiedades medicinales de las plantas y ayudar a la mejora agrícola. Más tarde, algunos se planteaban como lugar de exhibición de ejemplares vegetales, mientras más exóticos, mejor.
Hoy en día un jardín botánico debe nacer con una finalidad científica, de preservación de especies, en especial las autóctonas. Ese será el caso del de Palma. Pero además, será un lugar de difusión cultural, de estudio, de amor al verde, de aprendizaje, de experimentación y de esparcimiento.
Y mejorará la ciudad. Por fuerza cualquier jardín alegra la vida, pero un jardín botánico la ilumina.
Nuestro jardín botánico tendrá dos sedes. Dos lugares muy distintos que necesitan ser tratados con el máximo respeto.
Uno está integrado en un bosque, el de Bellver, Y recibe el nombre de ses Cases des Retiro. Ya está vestido de árboles y sotobosque, pero hay que remendar costuras, bordarle ribetes y tejer una trama de plantas de pinar mediterráneo que lo hagan más rico aún. Las casas históricas, con sus bancales agrícolas, las paredes de piedra - en su día algunas rehechas para formar a jóvenes precisamente en la construcción de parets de pedra en sec- … Allí el paisaje es exuberante y el Castell de Bellver la postal de fondo. El vandalismo estúpido ha ido destrozando vidrios, garabateando las fachadas y arrojando basuras durante años. Ahora su futuro se antoja inmejorable. Allí estará representada y explicada una parte del Jardín Botánico, la correspondiente al bosque mediterráneo.
La otra sede de nuestro esperado jardín será el Parc de les Vies. Es el colofón a una lucha ciudadana de 20 años de duración. ¿Recuerdan aquello de «A les Vies del Tren, Parc sí, Asfalt no»? Empezó en el año 2004, ha llovido un poco desde entonces. El tiempo nos ha dado la razón. Nunca nos hemos dado por vencidos y el premio será el mejor parque posible: un jardín botánico. Será todo un reto en la parcela de tierra que queda entre la rotonda de Son Fuster y el puente de la Vía de Cintura que cierra la calle Jacint Verdaguer. Ese terreno formaba parte de la finca de Son Fortesa, alquería cuya historia se remonta a muchos siglos atrás y de la que solo queda esa tierra y un brocal de pozo. El resto fue arrasado por autopistas y similares. Pronto, en esa tierra removida por el metro soterrado, volverá a nacer vida. Allí se plantarán plantas correspondientes a las distintas zonas de clima mediterráneo del mundo. Pero no se imaginen un jardín clásico, de parcelas dispuestas en horizontal y letreritos con nombres en latín. Para nada. Allí aparecerán lomas y paredes de piedra, rocallas, senderos, pequeños bancales o grandes, ya se verá, barreras vegetales o de lo que sea para aislar del ruido. Y el resultado será un vergel en un lugar ahora inhóspito.
Hay que ser muy listo para entender que el Parc de les Vies era el mejor lugar para la sede del Jardín Botánico. No solo porque está muy bien conectado y te plantas allí en 20 minutos andando en línea recta desde la plaça d’Espanya. Lo inteligente es ver el potencial de un lugar ahora yermo y marginal. Hay que ser listo y valiente para acometer una transformación fantástica como será esta. Josep Lluís Gradaille, el mayor conocedor de jardínes botánicos en nuestra isla, creador del Jardín Botánico de Sóller -perdonen la pasión de amiga-, lo vio claro en cuanto conoció el lugar. El alcalde de Palma también.
Josep Maria Alòs, capitán general de las Baleares el año 1827, fue el primero que presentó al Ayuntamiento de Palma la propuesta de formar un jardín botánico ante la plaza de l’Era de l’Hospital, junto al actual edificio de la Misericordia. Tras diversos avatares, se plasmó en poca cosa. Nos queda el nombre de una calle, la puerta monumental y, quizás, un ficus.
Han pasado casi 200 años, ya lo he dicho. Ahora no debería haber ningún paso atrás.
He citado las palabras jardín y botánico 25 veces en este texto, demasiadas pocas para las ganas que tengo de repetirlas. Ustedes disculpen, una tiene sus debilidades.
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