Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Editorial

Sin respuesta aeroportuaria

Cientos de pasajeros pasan la noche en el aeropuerto de Palma

Cientos de pasajeros pasan la noche en el aeropuerto de Palma

Los efectos del temporal que esta semana ha caído sobre Mallorca han repercutido de forma muy directa sobre el aeropuerto de Son Sant Joan y su operatividad, pero en este caso, al contrario de lo ocurrido el pasado 11 de junio, no tanto por la cantidad desmesurada de agua acumulada en las pistas, sino por la parálisis ocasionada y la enorme dificultad percibida para volver a poner en funcionamiento los engranajes de la normalidad. En las terminales del aeropuerto mallorquín se han sucedido durante tres días escenas que vulneran directamente la dignidad de los pasajeros con personas de toda condición, desde niños a ancianos, presas del descontrol informativo por parte de Aena y las compañías aéreas y amortiguando su cansancio tendidas directamente en el suelo, sobre colchonetas de playa o bajo tiendas de campaña. Un aeropuerto es un lugar de tránsito, no de acampada forzada.

El jueves se cancelaron al menos 140 vuelos entre llegadas y salidas. El gestor aeroportuario, Aena, ha indicado que en sus decisiones primaron, antes que cualquier otra cosa, los criterios de seguridad para el tráfico aéreo. Esta también ha sido la respuesta que han dado las autoridades a Ryanair después de que la compañía irlandesa arremetiera contra los controladores al ver que sus vuelos con destino a Son Sant Joan quedaban cancelados.

Sin duda la seguridad debe ser el principal garante de los movimientos aeroportuarios, pero no basta con decretarla, hay que saber gestionarla, evaluar sus repercusiones y canalizarlas adecuadamente. Es evidente que esto no ha ocurrido. Enaire esperó a la tarde del viernes, después de que se multiplicara la cascada de quejas, para reforzar los turnos de controladores en los aeropuertos de Balears y poder avanzar en el proceso de recuperación de la normalidad.

La dana estaba anunciada. También estaba concretado que se cebaría en especial sobre el archipiélago como así ocurrió. No había por tanto margen para la sorpresa ante fenómenos climatológicos adversos como pasó en precedentes desgraciados como la trágica torrentada de Sant Llorenç, lo cual hace más incomprensible el caos que todavía colea. Se demuestra que los mensajes de alerta previa remitidos a la población en general no fueron asumidos por los responsables aeroportuarios. Ha ocurrido en el punto más álgido del verano, con los hoteles llenos, en un lugar sobre todo turístico y en una isla que tiene en el tráfico aéreo sus principales ejes de movilidad y su generador de industria propia.

Lo vivido el pasado 11 de junio en Son Sant Joan, con pistas anegadas y cascadas de agua sobre el duty free, no ha servido de escarmiento. Apenas un tuit del Govern haciendo alusión a lo ocurrido, ofertas testimoniales, simbólicas, de los hoteleros ofreciendo recolocaciones que se volvían inefectivas, dada la alta ocupación de los establecimientos, y casi rapiña de las compañías aéreas con precios desorbitados en la reubicación de vuelos, son el reflejo de una situación que no puede repetirse. Los temporales de fin de verano y otoño son cada vez más virulentos. Volverán a repetirse y el aeropuerto debe saber y tener previsto cómo reaccionar ante ello. No basta con la convocatoria formal de un comité de crisis que tarda en transformarse en decisiones prácticas. n

TEMAS

  • DANA
  • DANA en Baleares
  • DANA en Mallorca
  • inundaciones en Mallorca
Tracking Pixel Contents