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Opinión | CRÓNICAS GALANTES

Trabaja más gente que nunca

Trabaja más gente que nunca en España, si hemos de creer –y por qué no– a la última Encuesta de Población Activa (EPA). Rozamos ya los veintidós millones de ocupados: y eso sin contar a los que faenan sin contrato en la economía subterránea, que alguno habrá. El desempleo ha bajado también a niveles que no se conocían desde el año 2008, justo antes del estallido de la burbuja inmobiliaria.

Son datos felices de los que presume el Gobierno, como es lógico; por más que la oposición se oponga –que es lo suyo– a darle ese mérito y los atribuya a otras circunstancias. Seguramente las dos partes llevan su cuota de razón.

Los empleos no los crea gobierno alguno –salvo los de funcionario–, sino las empresas que, a su vez, dependen de que las finanzas mundiales vayan bien o mal. Hasta ahora iban de cine, si bien la reciente caída de las bolsas por temor a que se gripen los motores de Estados Unidos podría anunciar tiempos de borrasca.

No pasa nada. El capitalismo es un sistema con mala salud de hierro que tiende a purgarse cada cierto tiempo con las crisis. Puestos a ejercer de cenizos, podría objetarse si acaso que el crecimiento del número de trabajadores en España se produce a cuenta de los bajos salarios y de una notable pérdida de poder adquisitivo por causa de la inflación.

Los hosteleros ya han dado la alarma al constatar que el turismo nacional, si bien cuantioso, escatima este año los gastos hasta el límite, para desgracia de sus cajas registradoras. Hay más gente trabajando que nunca desde que el INE echa estas cuentas, pero no es menos verdad que los sueldos no dan ya más de sí. Hasta pudiera cundir la impresión de que el trabajo, en lugar de crecer, se haya repartido entre más currantes.

El problema es que los salarios siguen siendo bajos y pierden la carrera contra las subidas de precios. Aumenta, por fortuna, la población activa, gracias a la inmigración; pero esa misma circunstancia influye en la escasa retribución del trabajo. Y el desempleo baja con lentitud, debido precisamente al aumento de la población en situación de trabajar. Son las paradojas de la economía, ciencia inaprensible donde las haya.

Tampoco es que ayude gran cosa el modelo de trabajo intensivo y a bajo coste del que vive España desde hace décadas. La propia EPA lo confirma al detallar que un 43% de los nuevos empleos creados en el segundo trimestre del año corresponden al ramo de la hostelería. Más de medio siglo después de que el ministerio de Manuel Fraga convirtiese al turismo en el más importante renglón de ingresos del país, el modelo económico sigue siendo el mismo. Estacional, de magros sueldos y sin relación alguna con la investigación y el desarrollo.

Aun así, cumple reconocer que los datos de ocupación van como un tiro. Tanto, que en algunos ramos –hostelería, mayormente– empiezan a faltar trabajadores, aunque siga existiendo un cuantioso número que busca empleo sin éxito. n

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