Opinión

Lecciones de Francia

La democracia no es solo un sistema formal recogido en una constitución. La democracia tiene un componente de cultura, de valores compartidos que guían los comportamientos antes y después que las leyes. La costumbre genera derecho y sustituye a la norma para asegurar la convivencia. Los resultados de la elecciones en Francia del pasado domingo no son solo el resultado de la épica de la izquierda contra la extrema derecha como han querido explicar los palmeros de La Moncloa. Ni tampoco la rendición de la derechita cobarde de Macron ante los comunistas de Mélenchon como dicen los amigos de Abascal. Los resultados del domingo son la resultante de un poso republicano que genera la complicidad de la derecha y de la izquierda frente al espectro del antiguo régimen. Una complicidad que no es entre las cúpulas de los partidos para repartirse el poder sino entre los ciudadanos que sienten que tienen más valores en común cuando votan a Mélenchon o a Macron que cuando votan a Le Pen.

Pero el nuevo frente republicano tiene ante sí una gran responsabilidad. Tienen que leer atentamente los motivos del crecimiento de ese nacionalismo francés hasta el punto de disputarles cara a cara el poder. Si la derrota de Le Pen abre paso a una etapa de desgobierno, de partidismos y personalismos como los expresados por el líder de la Francia Insumisa o con un reparto mezquino del poder sin atacar los verdaderos problemas de los franceses, entonces la victoria de la extrema derecha en las elecciones presidenciales será inevitable. El crédito que les han dado los ciudadanos es tan importante como efímero, tiene fecha de vencimiento. Y una garantía que cumplir: solventar los problemas en los que la política tradicional no ha querido entrar. Son un cúmulo de asuntos por tratar que generan la incertidumbre sobre cuyos lomos cabalga Le Pen. Y tienen que ver con la inmigración, con la identidad, con la seguridad y con la corrupción. Es falso que el error sea coger la agenda de la extrema derecha. El error es no tratar los problemas y abandonar a los ciudadanos a manos del populismo. Una lección que PSOE y PP deberían aprender para abordar esta semana el tema del reparto de menores emigrantes hacinados en Canarias.

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