Opinión

Por un tiempoa solas

Este verano voy a hacer algo que hace años que no puedo hacer: viajar sola. Más que eso, establecerme unos días en un pueblo francés yo sola previa negociación familiar. El resto de las vacaciones voy a ser todo entrega, prometido, pero para empezar voy a pasar parte del tiempo de descanso conmigo misma. No descarto aburrirme como una ostra, es más que probable que me pase… En la maleta, libros, lista de posibles actividades, la raqueta de tenis y el ordenador para escribir y ordenar algunas ideas. Sé que la raqueta no hace falta, incluso si me da por ahí en cualquier club me dejarán una, pero cada cabeza tiene sus particulares agarres de seguridad: bien preparada para un revés.

Es difícil estar solo de verdad. Creo que incluso debe serlo para los que padecen soledad, aunque quisiera dejarlos al margen de esta reflexión. El móvil nos conecta permanentemente a los demás, aunque sea de una manera superficial e, incluso, perjudicial. Llevamos la compañía y el ruido social en el bolsillo, y se solapa con el ruido real, las obligaciones, las responsabilidades. Y todo junto hace mucho ruido. Tampoco es fácil porque se abren las compuertas interiores y asoma otro ruido, el de dentro. Y ese a veces asusta.

Alejarme, dejar que en casa se organicen sin mí, hablar otro idioma, observar otro paisaje y dejar de mirar el móvil. Qué buscas, me han preguntado. Entiendo que algunos sospechan problemas de algún tipo, como si fuera una huida. Ya no estamos nunca solos, es tan raro que malpensamos. A esta le ronda algo. Nada. Busco silencio. Aburrirme. Desconectar. Ordenar. Pensar. Escribir. Básicamente, espacio para pensar bien. Porque al menos yo pienso como vivo, rápido.

Tengo la maleta medio hecha y las cosquillas de la aventura en el estómago. Agradecimiento a la vida por permitírmelo y a los míos por entenderlo. Después, y mejor, el verano será todo tiempo para la familia y los amigos. Sé que es un privilegio. Ojalá todo el mundo pudiera.

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