Opinión | Editorial

Prohens recalcula el proyecto en su primer año de gobierno

Ha tomado conciencia de que el malestar por la saturación responde a un clamor popular, del que también participan quienes hacen caja

Entrevista a la presidenta del Govern, Marga Prohens

Entrevista a la presidenta del Govern, Marga Prohens / Manu Mielniezuk

Se cumple un año de la toma de posesión de Marga Prohens como presidenta de Balears. Lidera el único ejecutivo autonómico del PP en minoría sin Vox en el gobierno, pero anclado a un programa de gobierno compartido de 110 puntos, que va abriéndose camino sin titubeos en un clima global de polarización política y desasosiego ciudadano. La saturación, y muy especialmente la dificultad en el acceso a la vivienda que movilizó a diez mil personas en las calles de Palma, era el elefante en la habitación que ha estallado especialmente en las comunidades turísticas y que le ha obligado a recalcular su promesa de gestión del éxito.

«Muchísimas, muchísimas personas me dicen: presidenta, ya no se puede seguir así», admite en la extensa entrevista concedida a Diario de Mallorca la líder popular, que se va asentando frente a una oposición descolocada ante el giro de su discurso y encabezada a distancia por la socialista Francina Armengol, atareada en presidir un Congreso explosivo que requiere máxima atención. Nunca ha habido tanto consenso en que la dinámica de más turistas, más población, más consumo de recursos nos conduce a la pesadilla económica de una sociedad que bate récords de visitantes y empleo con la misma intensidad que pierde bienestar.

Prohens ha demostrado olfato político, ha tomado conciencia de que el malestar no es cosa de cuatro ecologistas, que responde a un clamor popular, del que también participan quienes hacen caja. La presidenta reclama en la entrevista menos ‘que hay de lo mío’ y más generosidad particular para contribuir a la transformación del modelo. Ha sido valiente impulsando la Mesa del pacto social por la Sostenibilidad, lo difícil viene a la hora de plasmar las medidas, donde la oposición le reprocha incoherencias como la amnistía de construcciones ilegales con expedientes caducados en suelo rústico que, según los expertos consultados por este diario, desalienta al ciudadano cumplidor y contribuirá a recalentar el disparado mercado inmobiliario si no se endurece el articulado en la tramitación. Al otro lado, alcaldes de todo color pidiendo ‘que hay de los míos’. Nuevos tiempos, viejas prácticas.

En estos doce meses, la estabilidad gubernamental ha zozobrado, sin llegar a la ruptura por desavenencias con los socios de la ultraderecha, especialmente por la segregación lingüística en las aulas que solo ha interesado a once de más de trescientos centros. Un fracaso sin paliativos que evidencia la lejanía entre el interés ciudadano y las obsesiones de cierta clase política. La implosión de Vox no resuelta y el polvorín de Formentera apuntan a que la presidenta tendrá que capear nuevos episodios tormentosos. Su capacidad equilibrista en la gobernanza se volverá a poner a prueba en la aprobación de los presupuestos, a la vuelta del verano y con el debate del nuevo modelo de financiación autonómica de trasfondo, donde su rebaja de impuestos colisiona con las demandas de mayor financiación.