Opinión | Una ibicenca fuera de Ibiza

Lo de la Nocilla

En un episodio de The Big Bang Theory, Leonard comunica a Howard y Sheldon que forman parte de un comité de la universidad que promueve la ciencia entre las niñas. Howard propone ir a dar una charla a las alumnas de su antiguo colegio y Sheldon responde: «Aunque estoy encantado hablando de Ciencias, no sé si seré capaz de despertar el interés de unas escolares. Mejor lo busco en Google». «¿Qué buscarás exactamente?», pregunta Howard. «Cómo conseguir que chicas de 12 años se exciten», responde ya tecleando hasta que sus amigos lo apartan al grito de «¡Nooo!».

Algo parecido me ha sucedido cuando había titulado este artículo Porno y Nocilla y se me ha ocurrido realizar una búsqueda de ambos términos en Google. 412.000 resultados. Los primeros, de todo tipo de títulos de Pornhub y Xvídeos detallando dónde se han untado la crema de cacao, y créanme... ninguno era una rebanada de pan de molde.

Dejémoslo pues en Lo de la Nocilla aunque estas letras pretenden reunir dos noticias de estos días que aunque a simple vista pudieran parecer dispares, no lo son.

El primero, la nueva campaña de los del «Leche, cacao, avellanas y azúcar» —aunque en absoluto en ese orden: 56% de azúcar, seguido de aceite de girasol, 8,5% cacao, 4,5% leche desnatada y 4% de avellanas—. A pesar de su aparente inocencia: «¿Te has olvidado de su cumpleaños? ¿Has perdido las llaves de casa? ¿Has rayado el coche de tus padres? Cuando tengas algo que decir… Díselo con Nocilla», ha escandalizado a buena parte de la sociedad.

De los varios vídeos de la campaña, poco han importado los de los compañeros que cambian estudiar para el examen por montar una fiesta en el piso, la jovencita que le abre una cuenta a su padre en Tinder o la que miente a su madre diciendo que se queda a dormir en casa de una amiga cuando en realidad pasa la noche con un chico. Lo que ha tocado la patata del público conservador ha sido la que observa atónita a su abuelo tratando de medirse la temperatura con un Satisfyer y mira a cámara para aconsejarnos: «Cuando le digas a tu abuelo que eso no es un termómetro, díselo con Nocilla». El succionador en la frente del abuelo ha logrado que las personas como Dios manda se graben lanzando la Nocilla a la basura —aunque sean botes ya vacíos— y que Abogados Cristianos deje de lado otras luchas para denunciar: «Nocilla, un producto consumido mayoritariamente por niños, lanza un anuncio con un satisfyer. ¿Hasta dónde va a llegar la sexualización de los niños? ¡Basta ya!».

Y luego está lo del porno. El ministro para la Transformación Digital, José Luis Escrivá, ha anunciado una nueva iniciativa del Gobierno llamada ‘Cartera Digital’; una aplicación móvil que contará con un sistema de verificación de mayoría de edad para limitar el acceso a contenido adulto por parte de menores. Escaneando un QR a través de esta app lograrás que tu DNI electrónico, certificado electrónico o el sistema Cl@ve te proporcionen el placer que no encontrabas hasta ahora en tus visitas a la web de la Agencia Tributaria. En concreto 30 placenteros accesos durante 30 días en lo que usuarios de redes sociales —los que no andaban ocupados con lo de la Nocilla— han tenido a bien rebautizar como el «pajaporte».

A pesar de las buenas intenciones de la medida, lo que pasa es que, como ha advertido el propio ministro, la limitación es fácil de «circunvalar», ya que solo afectará a páginas web porno radicadas en España e incluso en estas puede sortearse usando servicios para ocultar la ubicación geográfica como las VPN.

No recordará Escrivá que la Ley Seca no solo no eliminó el consumo de alcohol, sino que supuso el boom de las bandas de crimen organizado. Pero más que mafias, lo que auguro al pajaporte es un tremendo gatillazo. O sea, que a partir de ahora el navegante ávido de porno tendrá que elegir entre entrar a una web con sede en España pasando por un QR, una app gubernamental y registrar el DNI electrónico cada 30 días o… usar el resto de —inseguras— alternativas. Un plan sin fisuras. Ojalá algún día alguien invente algo que vaya directamente al fin último del asunto como, no sé... ¿un pin parental?

No ya porque no sería la primera vez que un hackeo deja los datos de los usuarios expuestos y aquí quedarían, en pelotas, desde los tributarios a dónde les gusta que le unten la Nocilla sino, sobre todo porque, a las pruebas me remito, hasta en la más inocente de las búsquedas Sheldon Cooper y cualquier menor con internet están expuestos a contenido sexual no deseado. Y porque sí, es terrible que esos vídeos de sexo sin afecto y tan a menudo, machistas y violentos sean el primer —o incluso el único— modelo de esos niños y niñas, hay que buscar las maneras eficaces de evitarlo, pero a la vez, hay que anticiparse con educación. En casa y en los colegios. Y educación es hablar de lo que pasa todos los días. Podemos escandalizarnos o, si nos preguntan por un abuelo y su termómetro, hablarlo «con Nocilla». Pero hablarlo.

Suscríbete para seguir leyendo