Opinión

El negocio de la nostalgia

Menudo negocio. Distraídos con el vídeo promocional de las olimpiadas de París 2024. Solo le falta el correspondiente perreo a Afrodita y Atenea. Ohlalá! Mientras Edouard Philippe pide el voto por el candidato comunista para bloquear a la extrema derecha. Este abogado y político conservador argumenta que no queda otra para mitigar el avance del Reagrupamiento Nacional Francés, que vienen a ser los herederos de nazis y fascistas que perdieron la guerra el año 1945, (el último año de la guerra civil europea según algunos historiadores de renombre) ante la alianza de resistentes anarquistas, comunistas, socialistas, democratacristianos, liberales…

Ex primer ministro de Macron aspira a ser su sucesor. Vertebra desde su discurso un frente común para barrar el paso a Marie Le Pen en segunda vuelta. Mientras, en este lado del Pirineo, Alberto Núñez Feijóo abraza el gallardo discurso de Vox contra los menores que cruzan peligrosamente el mar jugándose la vida .

Philippe Pétain al ser condenado a muerte insistía que «había hecho lo humanamente posible para salvar a Francia», antiguo jefe del régimen pronazi, lo que el sr. Evaristo diría de salvar a la gente a hostias. Charles De Gaulle le conmutaría la sentencia por su papel anterior como héroe en la Gran guerra.

En 1945, el 22 de octubre nacía la IV República con una participación del 85% del electorado, 19 millones de franceses votaron afirmativamente. La Asamblea quedaba representada por los comunistas que aparecían en primer lugar con 152 escaños; seguidos por el Movimiento Republicano Popular que eran demócratas católicos con 140, los socialistas en tercer lugar con 133 y otros 16 partidos que se repartieron 95 escaños. Se consolidaba el triunfo del general De Gaulle con la masiva respuesta a favor de la nueva Asamblea Constituyente.

Pocos meses más tarde se abriría el proceso de Nuremberg. Al año siguiente se iniciaría la lucha de guerrillas en Palestina. No olvidemos que el 9 de agosto de 1945 se iniciaba la era atómica en Hiroshima y Nagasaki. Una masacre sin precedentes que el 14 de agosto hacía capitular a Japón. El 17 del mismo mes el exilio catalán se organizaba: Irla, Casals, Rahola, Gual, Castellet…Tarradellas no quiso participar. El mes anterior se había celebrado la conferencia de Potsdam. Churchill, Truman y Stalin «repartieron» el futuro. Sin la Resistance, sin los maquis y el esfuerzo humano de tantas y variadas gentes nunca se hubiese producido el triunfo aliado y decapitado a una parte de la serpiente. En la foto de esa reunión todavía hay un ofidio sentado. Hacía muy poco que se había inaugurado la Fundación de Naciones Unidas. Himmler se había suicidado con un frasco de cianuro. La primavera había comenzado con la entrega en Suiza del Mariscal Pétain a las nuevas autoridades francesas y justo después la rendición incondicional de Alemania. El psicópata que dirigía todo eso se había quitado la vida en el bunker. Mussolini había sido ejecutado. Franco iba suavizando el tono, mientras seguía asesinando, lo de suavizar es un decir, la voz nunca había sido su fuerte. Las navidades anteriores la última ofensiva alemana se había ahogado en la nieve de las Ardenas. Carmen Laforet sorprendía a todo el mundo con el premio Nadal con su preciosa novela Nada.

El veterano y admirado sr. Papell lo advertía, el otro día, en su enunciado: París ocupado de nuevo, ninguna exageración. Con semejante coyuntura internacional y generalizando los totalitarismos a lo largo y ancho del planeta, parece que nada se aprende y se desafíe la libertad y la vida de las gentes. Como si no fueran bastantes las guerras y asesinatos de civiles inocentes que siguen en curso. Un anciano Biden completa la gran metáfora presente con las democracias liberales. Una izquierda desnortada corre decapitada sin rumbo. Si mañana no paran a los neofascistas en Francia, en parte será responsable el jugueteo antisemita del candidato del Frente Popular. Para nada pasa por alto. Por el otro lado y a pesar del respaldo a Netanyahu todo el mundo, con dos dedos de frente, conoce el sustrato antisemita y filonazi del clan Le Pen. Francia siempre ha marcado el rumbo en la Historia, pero lástima que tanto el candidato comunista como la opción neonacionalsocialista al llegar al Elíseo no tardarán en demostrar, en el día a día más inmediato de los ciudadanos, su inmensa e impúdica incompetencia ante los nuevos retos que se presentan.

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