Opinión | DESDE EL SIGLO XX

Le Senne, la mirada del fascismo que ampara el PP de Marga Prohens

El tiempo que presida el Parlamento balear, Gabriel Le Senne, su mirada fascista, establece la complicidad del PP con quien ha hecho trizas todo consenso democrático, escupido sobre la trágica memoria de Mallorca encarnada en Aurora Picornell

Gabriel Le Senne y Marga Prohens

Gabriel Le Senne y Marga Prohens / CAIB

Dice el vicepresidente Antoni Costa, el que amparó a su amigo, el delincuente Serra Ferrer, agresor sexual y policial confeso, fichándolo para un alto cargo en la Administración conociendo el alcance de la fechoría perpetrada, que Gabriel Le Senne cometió «un error grave», que considera «impropio» de quien preside el Parlamento balear; se atreve a decir que «perdió los papeles», pero precisa que ha solicitado perdón por lo que el Gobierno de la señora Marga Prohens, del que es portavoz, estima que se tiene que soslayar escalada «adicional» en la tensión, que corresponde «rebajarla». Costa no dimitió cuando se hizo público su compadreo con el delincuente. También pidió perdón, descartando largarse a casa, que de tener ápice de decencia y algo de vergüenza era lo que correspondía. Con tales antecedentes, ¿cómo exigirle a Le Senne que se marche? Imposible propiciar que el PP lo destituya. Lo remata la feminista (un suponer) Prohens, que se despacha con que no contribuirá a aumentar la crispación, que ya dijo lo que tenía que decir. Lo que tenía que decir era que nada tenía que decir más allá de vacuas palabras, esencialmente porque no está en disposición de ir más allá. La presidenta de la Comunidad Autónoma balear carece de la imprescindible autoridad para proceder a la destitución de Gabriel Le Senne. Sintetizándolo: El presidente de Vox, Santiago Abascal, lo protege, hace de su permanencia casus belli; si cae, desencadenará la desestabilización de las instituciones que el PP gobierna con Vox, tanto en Mallorca como en toda España. Prohens no puede desembarazarse, en el supuesto de que fuera su real propósito, que, francamente, parece mucho suponer, del fascista que preside la Cámara legislativa balear. Costa sugiere que Le Senne haga «una reflexión» sobre el uso que hace del cargo de presidente. ¿Qué diantres de reflexión ha de hacer más allá que la de optar por dimitir abochornado por su actuación? Como no lo está, nada hay que especular al respecto.

Son Marga Prohens y Antoni Costa, convertido en su correveidile, los que deberían reflexionar sobre si sostener al energúmeno fascista les compensa. La repuesta es nítida: sí. Es la de seguir ocupando sus cargos lo que está en juego, y ante ello no hay razón ética que se imponga. El vicepresidente lo demostró cuando, hipócritamente compungido, pidió perdón por haber amparado a su amigo agresor sexual y policial, ahí es nada. Ni vislumbran razón ética alguna por dejar de apuntalar a un fascista que sí, a veces les incomoda, más que por otra razón porque les chafa sus queridas estrategias: llegan al primer año de gobierno zarandeados por lo ocurrido, viendo cómo se pone en primer plano la derogación de la Ley de Memoria Democrática, que, para mayor escarnio, el PP respaldó en la casi totalidad de su articulado; ahora la fulminan (el Tribunal Constitucional la enviará al limbo); además, se topan con que el fascismo que es Vox da el triste y vejatorio recuerdo de lo que fue en Mallorca 1936 vivido la pasada semana en el Parlamento balear. El colofón, el pleno extraordinario que Prohens había previsto para presentar sus medidas contra la masificación se va por el desagüe, se queda compuesta y sin el instrumento con el que pretendía vender lo que no es, porque mientras Gabriel Le Senne esté presidiendo la Cámara, la autoridad moral de Marga Prohens estará hecha unos zorros. Lo sabe. Nada puede hacer para remediarlo, salvo romper con Vox. No lo hará. No puede. No le dejan ni tan siquiera soñarlo. Sus debilidades, sus caras servidumbres quedan al descubierto. Es lo que tiene gallear de que se gobierna en solitario. Sin ataduras. Sin mochilas. Todo falso.

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