Opinión | Pensamientos

Felipe VI o Aznar

No hay un debate abierto sobre el régimen que debería tener España: Monarquía o República. Tampoco en el modelo territorial: autonómico o federal

Cuando me vienen veleidades republicanas pienso en José María Aznar y se me pasa la calentura. Se cumplen diez años de reinado de Felipe VI y son muchas más las alabanzas que las críticas.

No hay un debate abierto sobre el régimen que debería tener España: Monarquía o República. Tampoco está en el foro el modelo territorial del Estado: autonómico o federal. Sí existe muchísima presión de partidos independentistas vascos y catalanes de cara a la separación del resto del país. De constituir una federación de estados con unos fuertes nexos comunes (defensa, política exterior, grandes magnitudes económicas, seguridad social, sanidad pública universal…) poco se habla.

La monarquía nos fue impuesta por el dictador Francisco Franco. Nunca la hemos votado. Sí hubo dos referéndums para acabar con la estructura franquista (1976) y ratificar la Constitución de 1978, donde la figura del Rey formaba parte de un amplio (y cerrado) paquete de reformas.

La Monarquía es un sistema de gobierno irracional, aunque en algunos países funciona bien. Ahora tenemos mucha suerte con la persona que está al frente del trono, pero nadie te garantiza que su sucesora dé la talla. La vida da muchas vueltas. Personas muy bien preparadas y predispuestas se malogran. Es una lotería.

También parece poco inteligente limitar el futuro de un país de casi 50 millones de habitantes a la trayectoria vital de una sola persona. ¿Con quién se casará la infanta Leonor?, ¿tendrá hijos?, ¿podría reinar Froilán? Hay muchas incógnitas.

Puestos a evitar desgracias y contratiempos es más prudente elegir un jefe de Estado entre notables cada siete años. Ahora bien, deberían concretarse con precisión milimétrica las funciones y prerrogativas del presidente de la República.

Dudo que la nueva figura tuviera los mismos cometidos que el actual Rey, que posee mínimos roles ejecutivos. Los presidentes tendrían más poder. Ahí radica el problema: un Aznar resentido y conspirando sin descanso para asfixiar a Pedro Sánchez o a Alberto Núñez Feijóo. O un Felipe González remando en contra de su propio partido. También podría salir elegido un mandatario antisistema.

Cuestión importante es cómo se seleccionaría a ese gobernante: por sufragio universal directo o a través de las Cámaras. Mejor lo primero.

El actual presidente del Gobierno se comporta en ocasiones como si fuera el jefe del Estado. Bien podría pasar que el presidente de la República se aburriese y quisiera suplantar al primer ministro.

Siempre he defendido que la Constitución de 1978 es de lo mejor que le ha pasado a España en muchos siglos. Tiene sus defectos que, de haber un clima político sereno, podrían corregirse.

Precisamente la tóxica polarización dominante desaconseja la introducción de la República. «Virgencita que me quede como estoy».

Toca no ser pesimistas. Leonor lo hará bien (aunque quizás no lo veamos). Sus hijos serán unos cielos.

Mientras tanto Felipe VI y la reina Letizia se afanan en mejorar la imagen de una institución que Juan Carlos I dejó muy malparada. Las fechorías conocidas del anterior Rey (y las que ignoramos) han hecho mucho daño a la Monarquía. Una solución fácil sería «fuera los Borbones». No pinta bien. Prefiero un Rey cabal y neutral que un retorcido político partidista y mesiánico.

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