Opinión | Presidente de los republicanos

Limón & vinagre | Éric Ciotti: La derechita desesperada

El líder de Los Republicanos, Éric Ciotti, posa antes de  una entrevista en el canal  de televisión TF1.

El líder de Los Republicanos, Éric Ciotti, posa antes de una entrevista en el canal de televisión TF1. / STEPHANE DE SAKUTIN / AFP

Alguien que nace en Niza no ha venido al mundo a pasar desapercibido. Éric Ciotti, con esas gafas de no haber roto un plato, líder de la derecha francesa, ha sido destituido de la presidencia de su partido, Los Republicanos, por intentar pactar con la ultraderecha para las venideras elecciones legislativas. Hace unos días. Tras las elecciones europeas. Pero la Justicia ha suspendido esa expulsión.

Y así estamos, inmersos ya en la campaña electoral en la que se atisba un triunfo de Reagrupamiento Nacional (RN), que habrá de cohabitar con Macron. La cosa es cuántos conservadores están dispuestos a establecer un cordón sanitario frente a los ultras y cuántos prefieren gobernar con ellos. Es decir, a cuántos representa Ciotti, partidario de revolcarse con el lepenismo. Marine Le Pen ya proclama que presidirá el Parlamento, que respetará a Macron y que será primer ministro Jordan Bardella, el nuevo líder de su partido, que ha pasado de promesa a botarate y de ahí a yerno ideal de Francia. Nunca las suegras han tenido tan perdido el criterio.

Si no puedes con tu enemigo, pacta con él, debió de pensar Ciotti, que tiene apellido de delantero italiano, y que llegó a la cúspide de su formación en diciembre de 2022, aunque ese mismo año se le escapara, por primarias, la candidatura de su partido a la presidencia de Francia. Todo un personaje. Diputado, expresidente de un departamento de los Pirineos, atildado, padre de tres hijos y no despreciable como personaje de las revistas del corazón.

Por ejemplo, por el escándalo de su exmujer, Caroline Magne, que fue su asistente parlamentaria y que se vio envuelta en un caso de presunta malversación y de falsos empleos públicos. Eso de los falsos empleos públicos es tan francés como el Beaujolais, si bien la laxitud con que antes se juzgaban estos casos está pasando a la historia. No obstante, también en Francia sigue vigente para algunos ámbitos el famoso aforismo de Pedro Pacheco sobre la Justicia.

Ciotti. Licenciado en Económicas, cursó estudios también en el Instituto de Estudios Políticos de París, que con ese nombre ha de ser un vivero de alto funcionariado, tecnócratas, políticos, líderes o subsecretarios. Directores generales incluso y hasta eficaces jefes de negociado de impoluto traje oscuro, corbata y raya de pantalón bien trazada.

Carajal

Ciotti ha organizado en Francia lo que un atinado castizo definiría como carajal. El cronista añadiría el adjetivo grandioso. Un grandioso carajal. Su negociación al margen del partido ha encrespado el panorama y muchos de los derechistas galos no saben si son cómplices o aliados de los lepenistas. No sé si decir que pasa como en España.

Esto de Ciotti es como si, por ejemplo, Feijóo negociara por su cuenta con Abascal una convergencia electoral para unas elecciones que acabaran de ser convocadas. En Francia, los cabales del partido destituirían a Feijóo. Aquí veríamos a Cuca Gamarra aplaudir al amado líder y decirle que lo seguirá hasta el final. Siempre y cuando no sea el final de ella, dado que entonces hará como con Casado, darle la patada y abrazar e ir presta en auxilio del vencedor.

Ciotti es un duro en asuntos como la inmigración, admira a Meloni, suele decir que la derecha está acomplejada (¿la derechita cobarde?) y ha olido antes de las encuestas la catástrofe que se avecina, para su partido, en las legislativas.

Por ejemplo, hace dos días. Le Journal de Dimanche: los Republicanos podrían obtener un 7% y el partido de Le Pen, un 35%. Los de Macron no llegan al 20 y la alianza de partidos de izquierda, un 26. Queda todavía un resto para algunos extremistas a diestra y siniestra. Las buenas lenguas dicen que ambiciona la cartera de Interior.

A los ministros de Interior se les acaba poniendo cara de policía enfadado, por eso cuando a alguien le ofrecen tal departamento siempre piden que se lo junten al de Justicia. Unirlo al de Deporte y Cultura quedarían un tanto raro, aunque también lo es que de ti dependan los jueces y las fuerzas del orden. Ese orden que ansía Ciotti, que bien podría acabar sumido, absorbido, integrado en el partido de la ultraderecha. No ha venido al mundo a pasar inadvertido, ni a hacer la revolución ni a renunciar a imponer sus ideas. Muy conservadoras. Sin duda, un hombre de su tiempo.

Suscríbete para seguir leyendo