Opinión

Meloni Blancanieves y los siete enanitos

Solo la italiana logró brillar en la cumbre del G7 entre líderes en horas muy bajas. Pero cuidado: en la ‘leggerezza’ está su peligro

Giorgia Meloni

Giorgia Meloni / LAP

He visto el vídeo de Joe Biden en el G7 varias veces, del derecho y del revés, en las dos versiones, la corta y la extendida, y no sé a qué carta quedarme, la verdad. ¿Se despistó? Ya saben lo sucedido: en la cumbre de las siete democracias más ricas del planeta, celebrada en la hermosa Puglia, en el tacón de la bota italiana, entre olivos y brisa adriática, los mandatarios se encuentran contemplando una exhibición de saltos en paracaídas cuando, a todo esto, el presidente norteamericano se aleja unos metros del foco de atención. Parece despistado, así que la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, lo devuelve al redil para la foto de familia. El semanario Newsweek se apresuró a desmentir que se hubiera desorientado: si se apartó, fue para saludar con el pulgar hacia arriba a otro paracaidista. En cualquier caso, Biden no estaba a lo que había que estar. Se ha reavivado, pues, el debate sobre la idoneidad de su candidatura a la reelección, no tanto por la edad, 82 años, como por un posible deterioro cognitivo. El inefable Trump ya ha sacado tajada del asunto. Pero los comicios norteamericanos de noviembre son un melón de otro bancal.

Puede que la prensa conservadora haya magnificado el supuesto desliz de Biden, soslayando el ángulo de la cámara, pero lo interesante aquí es la seguridad, la soltura, la leggerezza de Meloni (y ahí está su peligro). Ante el envaramiento de los demás dignatarios, la italiana, con un gesto firme y a la vez delicado, maternal pero resolutiva, reconduce la situación hasta un confortable aquí no ha pasado nada. Y por cierto, qué bien lleva los pantalones palazzo. De hecho, esa instantánea en la cumbre sintetiza de forma espléndida el estado de la cuestión: un mundo descabezado, sin líderes fuertes y en navegación de cabotaje. Todos los presentes en la reunión, desde la alemana Ursula von der Leyen hasta el británico Rishi Sunak, están en horas bajas, bajísimas, por no decir contadas. En primer lugar, el francés Emmanuel Macron (¿ha calculado bien el riesgo del adelanto electoral? ¿o se ha marcado un James Cameron?). Solo parecía brillar la primera ministra italiana, enaltecida por los buenos resultados del posneofascista Hermanos de Italia en las elecciones europeas. Tanto es así que el periódico The Wall Street Journal encabezaba el otro día uno de sus editoriales con el titular The G-7 Dwarfs, and Giorgia Meloni, que vendría a traducirse en una versión muy libre como Blancanieves y los siete enanitos.

La líder italiana ha conseguido legitimarse en la cumbre, apartándose en apariencia del discurso ultra que la aupó al poder, e imponer parte de su agenda aprovechando la debilidad de sus socios: se ha eliminado una referencia explícita a proteger el derecho al aborto en la declaración final, principio que Francia, pionera en el mundo, blindó en su Carta Magna hace pocos meses. Cuidado, ojo avizor con esa sutil dinamita desde dentro de la Unión Europea. Los derechos nunca están garantizados hasta que no se inscriben en piedra.

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