Opinión | Pensamientos

El yate de los pobres

Ilustración: El yate de los pobres

Ilustración: El yate de los pobres

Hace poco se me alegró el día al leer en este diario una loable iniciativa de la Asociación Hotelera de la Playa de Muro: la «Operación Salvar a la colchoneta». La acción consiste en recoger las colchonetas que los turistas desechan cuando acaban sus vacaciones y transformarlas otra vez en objetos útiles.

Si la felicidad tuviera un símbolo bien podía ser un flotador. Tumbarse al sol y dejarse mecer por las olas. Jugar con los niños a piratas o tiburones: me subo, me bajo, te tiro, te empujo… Las colchonetas son el yate de los pobres. Nos permiten sentirnos patrones por apenas unos euros y sin tener que pasar por la academia naval.

Pero, ¡ah amigo!, los días pasan y hay que volver al hogar. No son objetos que se puedan embarcar en el avión. Su destino es el abandono en la misma playa o en la piscina del hotel. Se acabó la fiesta, como diría el peligroso embaucador ahora tan de moda.

Hasta ahora el final de estos juguetes era la incineradora o las casas de los empleados de los hoteles, sus parientes y vecinos. Sí que había algunos establecimientos que dejaban en sus piscinas un surtido de cocodrilos, unicornios y patitos de libre acceso para todos los clientes. No era lo habitual.

Los hoteleros de Muro se han unido con la Fundació Es Garrover y AnySolution para recuperar estos materiales, que no se pueden echar al contenedor amarillo por su composición. Se ha diseñado todo un circuito de recogida, almacenaje, transporte y reciclado en Es Garrover. Incluso hay tutorías para desinflar correctamente las colchonetas.

Lo que se iba a convertir en humo y polución se ha mudado en delantales, bolsos, estuches, neceseres… Tres hurras a todos los que contribuyen a esta buena idea.

Hay más ejemplos de economía circular en una Mallorca estresada por el elevadísimo número de visitantes y el aumento de su población estable. Los turistas vienen a divertirse y en unas pocas jornadas consumen de todo como si no hubiera un mañana. Pagan por sus vacaciones y en lo último en lo que piensan es en cómo se gestiona medioambientalmente esta voraz industria. Siempre hay excepciones, claro está.

Cáritas lleva años recolectando ropa usada para darle una segunda vida. También recicla juguetes y silletas de niños. Funciona gracias a las donaciones de particulares y empresas y da empleo a personas vulnerables.

Remar es otra entidad que permite recuperar objetos que de no ser por ella acabarían en la basura. Recogen los donativos a domicilio y tienen también una vertiente de rehabilitación de personas desamparadas. Están especializados en recuperar colchones usados de hoteles.

José Sáez y su compañera Paula gestionan con eficacia y amabilidad la librería de segunda mano Re-Read, que cuenta con dos establecimientos en Palma. El sistema es sencillo: compran a particulares los ejemplares ya leídos y que no caben en las pequeñas casas, los clasifican y los sacan otra vez al mercado, a precios muy ventajosos.

Los libros vuelven así a ilusionar a nuevos lectores. Se aborta el sacrilegio de tirar a la basura la letra impresa. Un ejemplar que para su antiguo dueño era un estorbo es algo maravilloso para el segundo lector.

Repsol ha empezado a pagar 30 céntimos por litro de aceite usado de cocina doméstica. Esta fórmula aún no está en vigor en Mallorca, pero es otro ejemplo de hacia donde debemos avanzar si queremos que haya futuro.

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