Opinión

Son Sant Joan, el rotundo aviso que deja la inundación

«No es aceptable», sostiene con razón el Govern, que ha solicitado una reunión urgente a Aena ante la deplorable imagen de la lluvia en el interior de la terminal

La inundación de Son Sant Joan y la parálisis de la operativa aérea durante dos horas por la tromba de agua exige aclarar responsabilidades, reparar daños y tomar medidas ante la certeza de que fenómenos extremos, como el vivido esta semana, se repetirán en el futuro. Las precipitaciones marcaron un récord histórico para el mes de junio, con 71,8 litros por metro cuadrado, con puntas de 90 sobre el aeropuerto, registros que se sitúan por encima del umbral de los 60 que caracterizan las lluvias torrenciales. Se trata de fenómenos conocidos en el área mediterránea, pero cada vez más frecuentes y virulentos como consecuencia del cambio climático que, pese a las evidencias, algunos sectores se resisten a admitir. Otros grandes diluvios recientes convirtieron las pistas de aterrizaje y despegue en un gran lago y obligaron también a cerrar temporalmente aeropuertos como el de Dubai, en Emiratos Árabes, el pasado mes de abril, y en mayo el de Porto Alegre, en Brasil. Además del factor meteorológico de la intensidad de las lluvias, en el caso de Son Sant Joan se suma el imponderable de su ubicación en el Pla de Sant Jordi, una zona que fue desecada en el siglo XIX, que es inundable y llana, donde es conocido su deficiente drenaje. Cuando cae mucha agua en poco tiempo, como ha ocurrido antes y volvió a pasar el martes, se supera la capacidad de absorción del suelo y el caudal queda estancado. Todo quedó anegado, desde las pistas hasta los accesos y aparcamientos exteriores, para perjuicio de muchos trabajadores que tenían allí estacionados sus vehículos. Un aviso rotundo que obliga a tomarse muy en serio la cuestión.

El aeropuerto es una infraestructura estratégica para una isla y clave para una economía turística como la de Mallorca. La operativa de Son Sant Joan, tercer aeropuerto de España, se ve en la actualidad condicionada por la necesidad de compatibilizar las obras en curso con la intensa actividad aérea, disparada en una nueva temporada de récords. En estas circunstancias pueden entenderse algunas incomodidades e incluso cabe un cierto margen al error por la dimensión, pero una cosa es una gotera y otra una catarata precipitándose sobre el duty free, donde los escombros de la terraza superior podrían haber dificultado el drenaje del agua , o sobre la zona de facturación, donde en principio no se estaban acometiendo trabajos. Ante las posibles reclamaciones de locales y particulares afectados, Aena y Acciona, empresa adjudicataria de la reforma, tendrán que aclarar qué extremos responden a un deficiente mantenimiento o a una mala ejecución del proyecto «No es aceptable», sostiene con razón el Govern, que ha solicitado una reunión urgente al operador público ante la deplorable imagen de la lluvia en el interior de la terminal y la penosa situación que padecieron residentes y turistas. El de Palma no es cualquier aeropuerto, es uno de los más rentables de Aena. Su plan de contingencia permitió retomar la operativa en dos horas, afectando a cien de los novecientos vuelos programados para esa jornada. A diferencia de los humanos, al clima no se le puede procesar por paralizar el aeropuerto y su condena es inapelable.