Opinión | Hoja de ruta

La mirada femenina en el poder

De Claudia Sheinbaum a María Zamora, las decisiones de las mujeres son una oportunidad para cambiar el entorno

Que las recientes elecciones en México las iba a ganar una mujer o sí o sí no era una cosa de trampas o adivinos: las dos candidaturas con más respaldo popular estaban representadas por dos mujeres, Claudia Sheinbaum y Xóchitl Gálvez. Sheinbaum se ha convertido, de todos modos, en la primera mujer que alcanza la presidencia de un país poderoso y estratégico en las relaciones internacionales, algo que además de ser histórico es un paso adelante muy importante en la lucha por la igualdad y la representación de toda la ciudadanía.

Cuando una mujer alcanza el poder supera un obstáculo para encontrarse con el siguiente y, en su caso, es el de atesorar grandes expectativas en torno a su agenda de impulso de las mujeres en su entorno. No solo su iniciativa para acabar con los feminicidios en el país, una lacra histórica, sino también para romper con la cultura que ha provocado una brecha de género destacada en el mercado laboral, con solo un 44% de mujeres trabajadoras. La igualdad en el acceso al empleo es la punta de lanza para romper con dinámicas de violencia económica y maltrato, así como una forma de acceder a nuevas cotas de poder en las empresas y cambiar dinámicas: los países europeos con cuotas femeninas por ley tienen una proporción de mujeres directivas 20 puntos mayor a los que no, por ejemplo, y estos resultados derivan de políticas efectivas que impulsan los gobiernos.

A las mujeres que llegan al poder no solo se les pide que gobiernen bien, también que empujen este tipo de cambios, y cuando no abordan reformas exitosas en este sentido se las critica duramente. Algunos analistas ya empiezan a ponerse la venda antes que se produzca la herida mexicana y recuerdan que los planes de igualdad son cosa tanto de hombres como de mujeres gobernantes, y no por ser mujer se le ha de pedir más, avanzando así una justificación al posible fracaso de sus políticas.

Otros insisten, cabezonamente, en que ha llegado aupada por hombres, igual que lo hacía su contrincante en las urnas, y que solo es una marioneta, una extensión de las formas de poder masculinas. La primera es una excusa barata para no exigir a las mujeres lo que evidentemente también deben acometer los hombres en el poder. ¿Tenemos que igualarnos a la baja? Los que restan valor a que mujeres como Claudia Sheinbaum hayan llegado al poder vierten análisis preñados de los prejuicios del mansplaining, el menosprecio de género que está tan arraigado en nuestra vida cotidiana.

Una mujer en el poder es una oportunidad, sea el poder que sea, para cambiar la mirada sobre las estructuras y las formas. Es también una puerta abierta a la imaginación que lleva a otros relatos sobre lo que puede ser nuestro entorno, nuestra sociedad. Y la prueba de que sí, sí se puede extender una visión a un éxito palpable y efectivo lo hemos visto esta misma semana del éxito de Sheinbaum en un reconocimiento cultural, en el campo cinematográfico: la productora María Zamora ha sido reconocida por su talento en el impulso de una nueva mirada cinematográfica a través, ojo a esto, de la promoción de directoras de cine. Se ha hecho con el premio nacional de cinematografía Princesa de Asturias, y eso nos ha recordado una vez más que hay trabajo sólido, persistente, impulsado por mujeres con capacidad de decidir, que da sus frutos. María Zamora está detrás de fenómenos como el de Alcarràs, de Carla Simón, que se hizo con un Oso de Oro en la Berlinale. Creatura, de Elena Martín, reconocida en Cannes. O corno, de Jaione Camborda, Concha de Oro en San Sebastián. Y de carreras valientes, admiradas, estimulantes, como las de Mar Coll, Clara Roquet, Nely Reguera, Núria Giménez Lorang, Paula Ortiz, Natalia Mateos, Beatriz Sanchís… todas ellas directoras a las que miran ya otras mujeres para seguir por este carril.

¿No apuestan los productores masculinos por mujeres? También. ¿Ha impulsado María Zamora a otros directores? Naturalmente. Pero en la perspectiva de género de sus elecciones está la fuerza de la determinación por descubrir talentos femeninos con relatos que transforman la percepción de todos de nuestra sociedad.

De igual forma, Claudia Sheinbaum y cualquier mujer al mando tiene esa oportunidad rara para cambiar cosas desde la política.

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