Opinión

Torrelló y la verdad

Ahora que se habla tanto de bulos, falsedades, trolas y embustes me he acordado de Torrelló, uno de los mejores periodistas que he conocido. Joan Llompart, Torrelló, fue fotógrafo de Diario de Mallorca durante 41 años (1963 a 2003). En esos casi 15.000 días no faltó ni un segundo a la verdad. Estoy seguro que nunca tuvo la tentación de mentir. Era algo antinatural.

Su trabajo consistía en captar la realidad con su cámara y facilitar su mejor transmisión. A sus 85 años confiesa que su afán era conseguir imágenes que hablaran por sí solas. En eso era el mejor.

Nunca en la redacción de Diario de Mallorca presencié algún tipo de maniobra para falsear la verdad a propósito. En alguna ocasión se trató con excesiva suavidad a entidades o personas (véase el rey Juan Carlos). Pero eso era excepcional: obedecía a intereses empresariales o una idea equivocada de la Monarquía.

Torrelló no tenía voluntad de profesor. A las nuevas generaciones nos enseñó el oficio con su maestría e ironía, frente a nuestra impericia y soberbia. Sabía marcar el buen camino, aunque tú hicieras el ridículo. Era la escuela de la vida.

Otros modelos que tuvimos fueron Andrés Ferret, un ejemplo de honestidad, sabiduría y capacidad de análisis, o el también fotógrafo Lorenzo, un incombustible trabajador.

La profesión periodística nunca ha sido un coto cerrado en la España democrática, algo de lo que se han prevalido algunas empresas para pagar bajos salarios. La facultad de emitir y recibir informaciones es un derecho universal y fundamental. No se puede limitar a nadie el transmitir sus mensajes, salvo casos de fuerza mayor.

Las posibilidades de comunicación han crecido exponencialmente con internet y las redes sociales. Un teléfono móvil, un portátil o una tablet nos permiten difundir textos o grabaciones a un público casi global. La inmensa mayoría de esos mensajes no están elaborados por periodistas, que hayan comprobado su veracidad.

Los medios de comunicación como tales tan solo ocupan una franja de ese universo digital. Son un pequeño mar en un inmenso océano. En las redes conviven ahora mentira y verdad. Muchas veces la falsedad vence.

Algunos partidos, como el PSOE y Podemos, pretenden combatir los embustes mediante burocracia. Proponen crear comités de verificación u «oficinas antibulo». Es un error. Además, conlleva un serio riesgo de censura contra los medios clásicos y contra la libertad de expresión en general. Podemos va más lejos y equipara la libertad de empresa en el ámbito periodístico con la corrupción.

Por otro lado, los personajes públicos deben estar vacunados contra las críticas ácidas o mordientes. Si se sienten ofendidos tienen los tribunales ordinarios para pedir amparo. Cerrar digitales o multar a internautas no va a solucionar el problema.

Diarios, radios, canales televisivos y plataformas tienen que reaccionar ante las mentiras y campañas ponzoñosas con el ‘modelo Torrelló’: defender la verdad y ofrecer un producto de calidad.

El internauta debería acostumbrarse a acudir a la prensa seria para contrastar, confirmar o desmentir mensajes y teorías dudosas.

Cabe también destacar la importancia del pluralismo. No es malo que haya medios de derechas, de izquierdas o mediopensionistas. No a todo el mundo le gustan los mismos platos. Tampoco es negativo, por principio, que en la red exista una amplísima libertad de expresión. Peor es la censura y la falta de libertades.

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