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Opinión

9 de 9 no es azar, es una ley natural

Lo más asombroso no es que el Madrid amontone nueve Champions en las nueve últimas finales que ha disputado, sino que en cada ocasión logre convencer a la audiencia de que podría perder, revisen los 70 primeros minutos del partido del sábado contra el Dortmund. Si lanzas una moneda al aire nueve veces y sale cara en todas ellas, no tienes suerte, sino que dominas la endiablada mecánica del lanzamiento. Porque nueve de nueve, y hasta ocho de ocho si nos apuramos, no es azar sino una ley natural de tan obligado cumplimiento como la gravedad. O un fenómeno paranormal, y no vamos a ponernos conspiranoicos.

Los especialistas balompédicos, ninguno de los cuales pronosticó hace un cuarto de siglo las nueve Champions madridistas, se debaten en esoterismos como los arbitrajes o la escasa enjundia de los rivales blancos. Para quienes insisten en la fortuna de los emparejamientos, el Madrid acaba de fulminar en apenas un mes a todos los equipos de Guardiola. Por orden de importancia, City, Bayern y Barça. El vencedor obligatorio infunde tal pavor que los rivales no saben si es preferible rendirse de antemano, o desatar la ira de los blancos adelantándose en el marcador, para ser apisonados a continuación.

Solo hay algo más impresionante que ganar nueve Champions en años consecutivos, y es obtenerlas sin fallo en un cuarto de siglo, con cuatro equipos y entrenadores diferentes, por no hablar de la nómina variable de enemigos. Con y sin Ronaldo, con y sin Benzema. No existen precedentes en el deporte de élite de un monopolio que no estimula a la afición. Al contrario, disuade de seguir al Madrid porque el forofo sabe que no aporta nada a un equipo invencible de por sí. Las nueve Champions ganadas implican obligatoriamente que habrá una décima. Las gélidas leyes estadísticas advierten de que nueve caras consecutivas no determinan una cruz al décimo lanzamiento. La ley natural del Madrid endurece el argumento. Nueve Champions de nueve intentos garantizan la victoria en la décima final inevitable.

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