Buenos y malos

Antonio Papell

Antonio Papell

De nuevo nos encontramos en la encrucijada entre buenos y malos: la guerra del Próximo Oriente entre israelíes y palestinos nos obliga a tomar partido y pronunciarnos. La brutalidad del conflicto en sí hace muy difícil cualquier toma de posición. En general, la dominante es esta: Israel tiene derecho a defenderse de la agresión genocida pero ha respondido a los ataques terroristas de Hamas con desproporción y está vulnerando las leyes de la guerra. Ninguna de las dos partes está satisfecha con esta posición salomónica predominante en la comunidad internacional.

Pero todo es relativo: El Irgún fue una organización paramilitar sionista que operó durante el Mandato británico de Palestina, entre los años 1931 y 1948. Era la expresión armada y más radical del Sionismo revisionista fundado por Zeev Jabotinsky. Expresaba que «todo judío tiene derecho a entrar a Eretz Israel; sólo feroces represalias disuadirán a los árabes y a los británicos, solo una Fuerza Armada Judía garantizará un Estado Judío». En los años 1940, las autoridades británicas acusaron al Irgún de perpetrar actos de terrorismo contra el gobierno del Mandato británico de Palestina.

En cuanto a la proporcionalidad de la respuesta en las guerras, los Estados Unidos, la más sólida y grande democracia de la tierra, son el único país que ha utilizado en una confrontación armada bombas atómicas. Hiroshima y Nagasaki son los nombres de las mayores brutalidades cometidas por la Humanidad en acciones de guerra.

Y si la realidad es esta, ¿cómo haremos para distinguir el bien del mal?

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