tribuna

Las mujeres decimos basta

Eva B. Cerdeiriña

Eva B. Cerdeiriña

En este 25N asistimos a una dura rearticulación del patriarcado. El avance de las fuerzas más reaccionarias de la extrema derecha, arrastrando cada vez más a la derecha conservadora, impone su relato en el espacio público y, con mayor incidencia y resultados prácticos en las instituciones donde cogobiernan: el negacionismo de la violencia contra las mujeres, la restricción e incluso la eliminación de las políticas, servicios y recursos dirigidos a la prevención y atención integral de las mujeres víctimas que tantos años, esfuerzos y luchas costaron establecer.

Los hechos contradicen, niegan con rotundidad su discurso. Las cifras de asesinatos, violaciones y agresiones sexuales, lejos de detenerse, se desbocan: 52 mujeres asesinadas por su pareja o expareja a lo largo de este año, 13 feminicidios cometidos fuera del ámbito de la pareja. Y un dato muy preocupante: la violencia de género en adolescentes ha crecido la friolera del 76,2% en apenas dos años (2020–22); la proporción de los jóvenes que niegan, o ignoran, la existencia de violencia de género aumenta de forma acusada: creen, además, que se trata tan sólo «un invento ideológico» o, naturalizándola, opinan que la violencia es inevitable, habitual y que, por tanto, no supone problema alguno: es lo que hay. En Balears, los datos del año 2022 muestran igualmente el incremento de las violencias contra las mujeres: cada día se presentan 19 denuncias. La tasa de mujeres víctimas es de 110,3 por cada 10.000 (la media estatal es de un 72,9). También el número de delitos contra la libertad sexual crece: 915, un 15% en comparación interanual.

Quiero subrayar aquí la violencia de género en el ámbito laboral: el acoso sexual y el acoso por razón de sexo en el trabajo. La «Encuesta Europea de Violencia de Género 2022», confirma y amplía las conclusiones que se mostraban en un estudio previo. Nos proporciona datos muy esclarecedores respecto a la magnitud y la gravedad de este delito: se estima que del total de mujeres residentes en España (entre los 16 y los 74 años), 28 de cada cien han sufrido acoso sexual en el trabajo: casi cuatro millones y medio de mujeres.

Miradas insistentes o lascivas, bromas y comentarios ofensivos sobre su cuerpo o su vida privada, o el contacto físico no deseado son las conductas más habituales. Y debemos incluir aquí, subrayándolo, el cada vez más extendido acoso digital o ciberacoso, resultado de la presencia creciente y uso extensivo de las nuevas tecnologías de la información, que lo favorecen, añadiendo, además, mayores posibilidades de anonimato e impunidad para el delincuente. Violencia padecida sobre todo por las mujeres trabajadoras jóvenes. La persona agresora es, en el 88,5% de los casos un hombre: un compañero de trabajo, un superior jerárquico o un cliente. Además, 59 de cada 100 mujeres han sido acosadas sexualmente en el trabajo más de una vez a lo largo de su vida laboral. El porcentaje de denuncias a la policía, es irrisorio: el 3,2%.

El escandaloso caso Rubiales ha plasmado en la primera plana de la agenda pública este delito, contribuyendo a visibilizarlo y a romper, aún de forma tímida, esta tolerancia social. Gracias en gran medida a la acción solidaria, agrupada y firme de las jugadoras y su internacionalizado y generalizado se acabó. Han tenido que enfrentarse al concepto de ideología de género, que articula el discurso de la extrema derecha, que afirma y defiende que las diferencias de roles entre hombres y mujeres no son aprendidas o construidas, sino que son esenciales e inmutables de acuerdo con la «ley divina». Ideología de género que les sirve como paraguas para articular su oposición a un amplio abanico de derechos de las mujeres. Pero nosotras hemos aprendido que detrás de estas guerras de género hay un proyecto de reacción frente a los avances en igualdad y no discriminación, y hemos dicho hasta aquí, se acabó.