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Matías Vallés

Oblicuidad

Matías Vallés

Licenciado en Ciencias Químicas con Premio Extraordinario, Fundador de la Universitat de les Illes Balears, Profesor encargado de curso de Química en la UIB, becario de la Fundación Juan March, Premio Ciudad de Palma de Periodismo, Premio Ortega y Gasset de Investigación Periodística, Premio de Derechos Humanos del Consejo General de la Abogacía, Premio Editorial Debate de Libro Reportaje, 41 años de ejercicio de la profesión.

Rauw Alejandro llora y factura

Rosalía y Rauw Alejandro. SONY MUSIC

El frente musical anda revuelto, con una epidemia de rupturas sentimentales que se traducen en canciones lacrimógenas, casi indecentes. Para ahorrarme unas líneas, les supongo al tanto de la ruptura de la relación entre Rosalía y Rauw, por orden de importancia y de entrega sentimental a la pareja. El inevitable capítulo siguiente era el llanto a buen precio de los escindidos, así que el cantante portorriqueño se ha marcado su agónica Hayami Hana. Ni el novio ni su despechá se manejan habitualmente en japonés, pero a partir de un millón de seguidores ya acreditas la ciencia infusa.

Sin descartar el efecto secundario de la reanudación del noviazgo, el objetivo primordial de una grabación consiste en venderla. Después de torturarme con el visionado íntegro y sin apartar los ojos de la canción de Rauw, solo puedo concluir que Hayami Hana se traduce por Llora y Factura, en la ecuación impuesta por el genio y el ingenio de Shakira. Con un minúsculo matiz. Al repasar como consuelo el número de humanos de diferente graduación que se habían sometido al lamento, la composición ascendía a once millones de visualizaciones, una cifra que consideraría adecuada para la calidad de este artículo. El pequeño problema es que las canciones del novio roto junto a la catalana multiplican dicha cifra por diez, en la misma escala. Y que Rosalía tiene vídeos por encima de los mil millones.

Supongo que Rosalía leerá estas líneas, lo cual me permite comunicarle desde aquí que Rauw está destrozado, quizás con toda justicia. Ni siquiera desde esta profundidad insondable sortea versos dignos de Campoamor, como «mis ojos favoritos no me vuelvan a mirar». En efecto, la calidad de los órganos visuales referidos está en el mérito que les concede el cantante, no en su belleza intrínseca. El punto de vista recuerda al impávido Loquillo de Cadillac Solitario, que se duele del abandono femenino con un orgulloso «no sé que aventuras correré sin ti», o «la última rubia que vino a probar el asiento de atrás». La nostalgia no debe ejercerse con dedicación exclusiva.

Al margen de su significado, Hayami Hana no es recitada sino bostezada por Rauw, y ya siento que esta observación vaya a costarle tres millones de visualizaciones. Frente a su aires de campeón, el portorriqueño no quiere empeorar las cosas. En estos tiempos en que escrutamos los versos de jóvenes enamorados con más atención que los pronunciamientos de nuestros políticos, el poeta «nunca infiel» le está pidiendo perdón a su Rosalía, va curándose el desamor. Me temo una reconciliación que no se merece la artista catalana, aunque sí los cien millones de incautos que visualizarán el reenlace tras el desenlace. Solo puedo aconsejarle a la cantante que, antes de responder musicalmente, escuche el You’re so vain que Carly Simon le compuso a Warren Beatty. «Eres tan vanidoso, que probablemente crees que esta canción va sobre ti».

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