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Opinión | OPINIÓN

Policías a quienes se exige el catalán como requisito

Policías a quienes se exige el catalán como requisito

Policías a quienes se exige el catalán como requisito / POLICÍA NACIONAL

El Govern de PP/Vox debería replantearse la retirada del requisito del catalán para funcionarios, ante el rotundo éxito de los policías mallorquines a quienes se exige dicho idioma para infiltrarlos masivamente en los movimientos independentistas de Cataluña.

Hasta tres compañeros de promoción mallorquines de la academia policial de Ávila, dos hombres y una mujer, fueron destinados tras su graduación a incrustarse en movimientos radicales de Cataluña, según ha venido publicando La Directa. Un componente del trío de espías era menorquín, pero se hacía pasar por mallorquín en una perversión inexplicable.

Para facilitar la tarea de identificación de sus infiltrados tras ser descubiertos, la Comisaría General de Información rebautizó con los apellidos Hernández Pons a los dos primeros descubiertos. La redundancia eliminaba cualquier duda sobre la puesta en funcionamiento de una trama. La mujer del trío recibió el nom de guerre de Maria Perelló Amengual, que rebosa una mallorquinidad casi insultante.

Los tres mallorquines camuflados se infiltraron simultáneamente en los ambientes estudiantiles, anarquistas y alternativos. También abandonaron estos círculos reprobables a la vez, tras ser desenmascarados. Una tercera regla de funcionamiento, al borde de la integración excesiva, consiste en el mantenimiento de relaciones sexoafectivas con miembros de los movimientos citados. Las parejas quedaron personal y familiarmente devastadas al descubrirse el engaño.

A falta de conocer los beneficios para el contribuyente de una carísima infiltración prolongada durante tres años, las andanzas sentimentales del trío mallorquín parecen extraídas de El libro de los amores ridículos, de Milan Kundera. La pareja de Perelló Amengual, con un año de convivencia en el mismo piso, reconoce que la policía «me dio algunos de los mejores momentos, fue el amor de mi vida». Hoy se declara destrozado, a falta de delimitar la cuota amorosa y policial que ha provocado esta sacudida.

El momento en que el espionaje se adentra en la célebre frase «yo siento lo mismo que tú» supone una auténtica especialización profesional. Se denomina «honey traps» o «trampas de miel» a los agentes de cualquier sexo que deben establecer el control de sus víctimas por medios sentimentales. Es un método empleado por todos los servicios de inteligencia, aunque pueda sorprender entre ciudadanos de un mismo país.

Una de las trampas de miel más famosas le fue tendida por el Mossad a Husein de Jordania, a través de una hermosa agente. Con tan mala fortuna que el monarca hachemita se enamoró perdidamente de su falsa novia judía. Pretendía casarse con ella en un matrimonio mixto desastroso para la geopolítica de la región, y los israelíes sufrieron para liberar a su espía del arrebato sentimental. En fin, Vox ha de andarse con tiento la próxima vez que agreda verbalmente a un catalanista mallorquín. Puede estar insultando a uno de los suyos.

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