Le ha durado poco el fervor «feminista» a la Sra Prohens. Aquel que exhibía en el Congreso y al que aplaudían los suyos. Ha durado, lo que la firma de un pacto de investidura con la extrema derecha.

¿Qué más dará que las mujeres seamos moneda de cambio? ¿Que pongamos de presidente del Parlamento a un misógino que crea que las mujeres tenemos envidia de pene? ¡Cuánto daño ha hecho Freud! ¿Que despreciemos a las víctimas de la violencia de género diciéndoles que lo que les pasa, es, en realidad, un invento ideológico de la izquierda?.

En la época de la posverdad y negacionismo científico, ¿por qué va a valer más la definición otorgada hace tres décadas por la ONU tras un gran debate sobre el concepto de género, que la opinión de mi vecino del tercero? ¡Que, por supuesto es de Vox!

Como afirma la filósofa Celia Amorós «conceptualizar es politizar» y no llamar a las cosas por su nombre, emborronando conceptos que están desde hace décadas más que clarificados a nivel internacional, tiene efectos sobre la realidad que se pretende comprender, y por tanto, transformar. La cuestión terminológica no es un tema menor, sino fundamental porque la confusión, la niebla, no solo afecta al científico social que debe delimitar su objeto de estudio, sino que también afecta al sistema judicial que necesita de la precisión terminológica.

Fue en 1995, en la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer cuando se define el concepto de género como las diferencias construidas social y culturalmente entre hombres y mujeres a lo largo de la historia. De este modo, a través del género se hacen patente las relaciones de asimetría y desigualdad entre hombres y mujeres, que no son fruto de la biología, sino de las relaciones de poder, de la división sexual del trabajo, de los roles y estereotipos que impiden a la mujer su plena participación en los ámbitos social, económico, cultural y familiar. Así, la violencia de género es la violencia específica, diferenciada de otras, que ejercen los hombres sobre las mujeres para controlarlas, dominarlas, anular su libertad y desde la consideración de que los hombres son superiores a las mujeres.

Que la nueva presidenta del Govern sacrifique un concepto como el de «violencia de género» en su pacto con la ultraderecha y silbe mirando para otro lado como si aquí no pasara nada, no lo vamos a tolerar. Tiene los votos y la mayoría, pero tendrá en nosotros una firme oposición.

Sabemos que a la extrema derecha le repugna la igualdad de oportunidades. Son más de John Wayne y la ley del más fuerte. Desgraciadamente, hace ya tiempo que se marcaron el objetivo de hacer del machismo su principal caladero de votos. Y es que la violencia de género es la tercera causa de ingresos en prisión en nuestro país. Un suculento porcentaje nada desdeñable para personas sin escrúpulos que lo arreglan todo en el confesionario.

Lo preocupante es que este discurso ha calado entre los jóvenes, se viraliza en las redes. Pobres hombres, ¡que les pueden buscar la ruina! ¡que las tías son muy malas y nadie les libra de la de la noche en el calabozo! Y por supuesto, todo el cuento de las denuncias falsas, que ya se ha convertido en un nuevo mito más extendido que el de la mermelada de Sorpresa Sorpresa.

El PP ha comprado el marco negacionista de la extrema derecha. La Sra Prohens será presidenta renunciando a una lucha que incluso ellos asumieron con el Pacto de Estado contra la Violencia de Género, permitiendo la supresión de la Dirección Insular de Igualdad del Consell de Mallorca. Si mi querida Maria José Varela lo viera, compartiría mi indignación. Sin embargo, cabe recordar que la pasada legislatura ya lo hicieron en el Consell de Eivissa y el PP estaba solito. Por toda España el PP ha permitido que se sustituyan las regidurías de igualdad por las de familia, porque ya se sabe cuál es nuestro papel, el de mamíferas. En ayuntamientos como el de Calviá, una persona que ha seguido las pautas de Amanecer Dorado durante estos años es el nuevo regidor de igualdad.

El feminismo de Marga Prohens en el Congreso, visto lo visto, era solo para arrear a Pedro Sánchez. Ya no hay que disimular. La legislatura empieza de la peor manera posible para los derechos de las mujeres.

Estaremos muy atentas y vigilantes a su acción de gobierno, defendiendo las políticas de igualdad y contra la violencia de género, el Institut Balear de la Dona y un presupuesto adecuado y comprometido con la prevención de la violencia de género y el cumplimiento de los derechos que asisten a las víctimas.

Decía Wittgenstein que «los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo». Llamemos a las cosas por su nombre. Son machistas. Orgullosamente machistas.