Al Azar

Jorge Javier, un monstruo

Matías Vallés

Matías Vallés

Que levante la mano quien no suspendía el zapping por unos instantes, cuando aparecía en pantalla Jorge Javier Vázquez con una americana de colores chillones. Mi mano está bajada, aunque la levanto ahora para quitarme el sombrero ante uno de los mayores monstruos de la televisión en España, a la misma altura que Javier Sardá en sus Crónicas marcianas aunque con una longevidad más acusada. El presentador badalonés sobresalía por una sombra de cinismo wildeano, inventó la telebasura intelectual. Es cierto que en Sálvame se han hundido honras y reputaciones, salvo que no eran nada del otro mundo antes de acometer su demolición, y que además cobraban por el deshonor infligido.

Nadie entrevista como Jorge Javier, sus apartes en las réplicas son dignos del Siglo de Oro, tiene un acusado sentido del espectáculo, ha extraído néctar de los alcornoques que le rodean. La telebasura de autor convertía a las fieras en criaturas a merced del domador, cachorros que se limitaban a emitir diferentes modalidades y modulaciones de la voz única del director de orquesta. El mérito de reunir a un millón de espectadores, con personajes sin redención posible, se concretaba cuando el anchorman era sustituido por Paz Pesadilla. Frente al número uno televisivo, El hormiguero o Évole son aprendices. Todavía hoy se reprocha a Pedro Sánchezque llamara en directo a Sálvame, cuando sigue siendo uno de los momentos descollantes de su carrera política.

Conviene rebajar la euforia de la izquierda, ante la eliminación patronal de espacios degradantes pero líderes en audiencia, ya se trate de Tucker Carlson en la Fox o de Sálvame en España. Los dueños de televisiones no son mejores programadores que su público, de modo que la supresión obedece a motivos oscuros y no purificadores. Un código ético en Telecinco es como un botiquín en la guerra de Ucrania. Sustituir a Jorge Javier por Ana Rosa solo demuestra que el canal quiere una televisión menos lúcida. Quiten el acento, si se sienten ofendidos.

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