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Opinión

Si no fumaras

La Habana, diciembre de 2009.

La Habana, diciembre de 2009. / ©Pedro Coll

Se levantó de la mesa en la que llevaba rato sentada y se dirigió al camarero con el cigarrillo levemente sostenido entre sus dedos índice y anular; el mulato, ante el gesto universal, sacó del bolsillo de su delantal un encendedor y le ofreció la llama en actitud reverente; ella, bajando ligeramente la cabeza, dio la primera bocanada y exhaló algo de humo agradeciéndole el detalle de modo imperceptible, sin mirarle a la cara; entonces, el muchacho, aún con la llama prendida, dejó escapar en forma de susurro la frase nunca más olvidada:

«Si no fumaras ‘fueras’ perfecta...»

Ella sonrió para sus adentros mientras con su caminar de pasarela regresaba a su mesa.

La Habana, diciembre de 2009.

La Habana, diciembre de 2009. / ©Pedro Coll

El observador solitario que ocupaba la mesa contigua, depredador de instantes fugaces, que llevaba rato sin perder detalle, decidió conservar para siempre en su memoria la frase, los gestos, el aroma a tabaco, la humedad pegajosa adherida a las pieles y la cadencia de aquellos tacones.

Un cóctel de sensaciones que, como él bien sabía, jamás iba a poder concentrarse en una imagen.

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