Grimm hasta en el pop

Àlex Volney

Àlex Volney

H ubo a principios de los ochenta una eclosión de grupos que pasaron sin pena ni gloria. Algunos así mismo dejaron algún himno, aunque fuese un solo tema. Un himno infantil, Take on me, antes de triunfar pasó un largo camino. Había sido rechazado varias veces y sin contemplaciones. Pal Waaktaar y Magne Furoholmen del grupo Bridges (Noruega) habían compuesto el tema. En 1982 se unieron a Morten Harket y fueron a Londres. Eran bien recibidos por su puesta en escena, pero la música no llegaba a cuajar de ninguna de las maneras. Se empezarían a suceder las versiones. Tres o cuatro títulos diferentes e incluso alguna muy cercana al punk. El guitarrista y el teclista pronto serían abordados por Tony Mansfield, productor, que se pondría muy pesado con los sintetizadores y sampleadores digitales. Al final, muy alejados del original empezaron a acercarse al resultado. Tercero en Noruega, pero en el puesto 137 en Reino Unido y un vídeo pésimo de fondo azul en el que nada ocurría. Apareció, entonces, el mánager Alan Tarney con la ocurrencia de cambiar los sintetizadores y la cosa hizo un giro. Musicalmente ya lo tenían, pero faltaba cuadrar algo más. Jugar esa carta que une las artes por humildes y populares que sean. Piensen que, con Eastwood incluido, los llamados Spaghetti Western no habrían llegado donde han llegado sin la salsa Morricone. Con los de A-ha el camino fue a la inversa. Take on me no rulaba debidamente, para nada, hasta que la Warner Bros utilizaría la llamada técnica rotoscopia. El estilo cómic, love-action e incluso animación hecha de la mano de Mike Patterson, creador de la parte dibujada que tardó dieciséis semanas en pintar más de tres mil fotogramas según la BBC, dando la vuelta a todo. Esa era la olla y las herramientas de cocina, los ingredientes y el condimento serían acudir, una vez más, al romanticismo de toda la vida. Sí, al cuento de hadas o casi. Al clásico argumento de chica saturada por el tedio que acaba apostando por la fantasía. Todo de libro, como Blancanieves… Los Grimm al rescate de la pieza pop.

La mezcla de Tarney y sus revolucionarios sintetizadores se volvió a lanzar pero con un nuevo vídeo que motivaría a futuros dibujantes y a futuros motoristas. Hoy, en lo práctico, acumula más de 1.500 millones de visitas en las anchas carreteras de lo emocional. Es el número 5 de las canciones grabadas en el S.XX que han pasado ese límite. De un grupo que no ha sido nada del otro mundo pero que dejó esa semilla en la red que une el XX con el XXI.

Therese ‘Bunty’ Bailey era modelo, bailarina y actriz, rodó esas escenas a los 20 años. El hostil decorado laboral y patronal de entonces no ha cambiado nada. En el nombre del dios cabrón de la especulación siguen muriendo jóvenes en ese rol de riesgo que sigue siendo el de camarero o incluso de cliente. A cuarenta años vista de esa canción, en lo esencial, nada ha cambiado. Demasiados cuentos chinos, demasiado humo. El arte y la literatura siempre salvando a la tecnología que por sí misma no vale un pimiento. A la inteligencia ahora se la quiere artificial, pero siempre hay alguien detrás. Por cierto, ¿dónde andará hoy Therese Bailey? ¿En qué soluciones andará, de nuevo, para mitigar la más reciclada estupidez? Nada nuevo en el horizonte. Clásico de libro hasta el final de los tiempos.

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