TIERRA DE NADIE

Malos tiempos para la lírica

Juan José Millás

Juan José Millás

La soledad, que venía siendo patrimonio de la poesía, es ahora un apunte contable en los balances de pérdidas y ganancias del Estado. Ya está hecho el cálculo: 14.000 millones de euros nos cuestan las enfermedades provocadas por el aislamiento involuntario que padecen especialmente los adultos mayores, a los que antes llamábamos viejos. (No estoy seguro, pero creo que el eufemismo «adultos mayores» lo acaba de inventar la OMS). En cualquier caso, este salto de la literatura a la estadística sorprende un poco, sobre todo porque no suele darse al revés, o sea, de la estadística a la literatura. El problema de la vivienda, verbi gratia, nació directamente como un problema de contabilidad y ahí se ha quedado. No sabemos de ningún poeta que narre en endecasílabos las dificultades de los jóvenes para emanciparse de sus padres. No conocemos oda alguna al préstamo hipotecario ni poema satírico a la comisión de las agencias inmobiliarias. Todo, en fin, desemboca en la prosa y, lo que es peor, en la prosa electoralista, cada día más difícil de distinguir de la meramente electoral.

La soledad impuesta mata. Lo jodido (con perdón) es que antes de matar provoca gastos farmacéuticos e ingresos hospitalarios y consultas ambulatorias por un tubo.

-¿Por qué ha venido usted a urgencias? -le pregunta el facultativo al anciano (o a la anciana: el genérico, que no llega).

-Porque no respiro bien. Deme un volante para el especialista en pulmón y corazón.

-¿Vive usted solo (o sola, claro está)?

-Sí.

-Lo más probable es que sea algo del alma. Le enviaré al psiquiatra.

Pero no hay psiquiatras suficientes para atender las cantidades industriales de soledad que crecen en los bloques de viviendas de las grandes y medianas y pequeñas ciudades españolas. La desproporción es tan grande como la existente entre la demanda de vivienda social y el parque disponible. Estamos hechos polvo, en fin, y ni siquiera tenemos la posibilidad de literaturizar nuestros quebrantos para hacerlos digeribles. Malos tiempos para la lírica.

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