AL AZAR

No hay agua en la televida

Matías Vallés

Matías Vallés

La modestia no sobresale entre las virtudes de los revolucionarios digitales. Cada una de sus aportaciones se presenta como el mayor avance desde que un ser semidivino resucitó de entre los muertos. La réplica tradicional a las exhibiciones de soberbia de los crédulos de la innovación consistía en desafiarles a que probaran a vivir una semana sin agua corriente. La privación del fluido se planteaba como uno de los experimentos teóricos que popularizó Einstein, un dique a los pretenciosos que creen reiniciar el Universo a diario. La situación ha cambiado y, sorpresa, ha sido a peor.

Para no hablar del mundo siempre lejano, España se está quedando sin agua. A cambio, la oferta digital se mantiene boyante. Las pantallas no mitigan la sed, pero se agradece cualquier distracción en tiempos de angustia. Pocos imaginaban la inminente puesta a prueba de la vida sin un flujo perenne de agua corriente, mientras enredaban con sus juguetes electrónicos. Con los grifos goteando, se valorará en justicia si los ingenios digitales suponen el punto omega que Teilhard de Chardin pregonaba como la cumbre de la experiencia humana. Y cuando los primeros disidentes manifiesten que prefieren agua a electrones, los tecnogurús intentarán convencerles de que solo internet permitirá mantener el suministro. Con estos nunca ganas.

El ser humano del siglo XXI no teletrabaja, televive. Después de pasarse un número de horas que es incapaz de determinar delante de las pantallas, ahora tiene que asomar el brazo por la ventana para comprobar que no llueve. No hay agua en la televida, pero la absorción en los metaversos es tan rotunda que la construcción en el mundo real prosigue a gran escala. Averigüe cuánto líquido absorbe una casa, a estas alturas del artículo no queda espacio para exhibiciones documentales. Al margen de esta inversión de la escala de valores, se venía alertando desde hace décadas sobre las guerras del agua, pero nadie advirtió de que el planeta entero iba a perderlas.

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