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L as noticias de anteayer mostraron un acto público celebrado en Pontevedra, en el que participaba la secretaria de Estado de Igualdad, Ángela Rodríguez, explicando no sé qué, pero sí pude observar que hacía «coña» sobre el resultado de la aplicación judicial de ley del ‘sí es sí, tema que no es para tomarse a broma, a la vista de las consecuencias que está produciendo la susodicha ley (cerca de 190 agresores sexuales, violadores de niños, de mujeres… han sido excarcelados o han visto reducidas sus penas). Después yendo en coche oí por la radio a la antedicha secretaria de Estado. La escuché y llegué a varias conclusiones, entre otras que esta distinguida señora es una maleducada, que no sabe expresarse, que carece de la más elemental capacidad de oratoria y que desconoce lo que es erudición. Dijo lo siguiente: «De los creadores de las personas van al Registro a cambiarse de sexo todas las mañanas llega los violadores a la calle» (textual). Dígame, querido lector, si ud. entiende algo de lo que dice esta secretaria de Estado. Un comentarista en la radio aprovechó para recordar algunas frases, o exabruptos, dichos en público por ella con motivo de la ley del ‘sí es sí’ como, por ejemplo: «lo que más me cabrea del universo es los hombres de izquierdas» (textual), en relación a las críticas filtradas desde un sector del PSOE sobre esta infausta ley. También el comentarista radiofónico recordó que en otra ocasión escribió ella a través de WhatsApp, aludiendo a una colega de su partido, que la anterior secretaria general de Podemos en Galicia era «una puta coja». A educada, fina, culta y erudita no le gana nadie, ¿verdad? ¿Deben de ser todos los altos cargos de ese ministerio tan refinados como ella? ¿En qué país estamos?, se ha perdido hasta el pudor lingüístico. Yo no puedo comprender que el Gobierno que nos representa y que se supone trabaja para nuestra educación, para mejorar la convivencia, la cultura, y dar ejemplo, tenga altos cargos con ejemplares como este.

Ahora que, al parecer, está empezando el tiempo preelectoral, en cualquier noticiero se prodigan de forma penosa declaraciones de ministros y ministras, en las que los únicos tema que exponen son las carencias de sus opositores. Aunque también, por supuesto, la oposición se dedica solamente a criticar al gobierno. Hasta en las críticas se explican fatal, ¡qué poco conocimiento tienen de gramática!, disciplina que regula la combinación de las palabras para formar adecuadamente una oración y qué ignorancia de lo que es la sintaxis, esa norma que enseña a formar grupos de palabras para que estas expresen algún significado. ¿Acaso estos altos cargos, que gobiernan, no han pasado por algún instituto? ¿Por qué en el futuro, a la vista de ese desmadre gramatical, no se exige que para formar parte de un gobierno se debe de tener algo de formación, de cultura, de erudición, de retórica? ¿No sería más práctico que dijeran unos lo que hacen en el gobierno y los otros expusieran lo qué harían si estuvieran?, evidentemente, si lo hacen, que sea con respeto a las normas gramaticales y así evitarnos malhumores.

Erudición, palabra proveniente del latín eruditionem se puede aplicar a las personas que son ilustradas, entendidas en alguna materia, personas instruidas. El antónimo de erudito sería ignorante, inculto. Y qué me dicen de la retórica, aquel conjunto de reglas o principios que se refieren al arte de hablar con corrección. El vocablo también procede de la palabra latina rhetorica, arte que exige se apliquen un conjunto de principios a la forma de hablar, con el fin último de conseguir persuadir. El estar instruido, el ser erudito, supone demostrar que se poseen conocimientos de una o varias disciplinas. Desgraciadamente la clase política actual carece de ambas y resulta desmoralizante escuchar cómo se expresan. Antes de finalizar esta columna quiero decir que hay dos diputados en el Congreso que cuando hablan lo hacen con suficiente corrección gramatical, uno es Pablo Echenique, de Podemos (con bastante mala uva, por cierto, pero se le entiende) y el otro es Iván Espinosa de los Monteros de Vox. Miren por dónde, resulta que ambos se llevan con mejor la lingüística y están situados, uno y otro, en los extremos del panorama político.

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