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Juan José Millas

Tierra de nadie

Juan José Millás

Alienación

¿Me importa o no me importa la vida del príncipe Harry de Inglaterra? Francamente, no. Sus asuntos no me incumben, allá él con sus problemas familiares o de conciencia. Entonces, ¿me engancho o no me engancho al culebrón? La duda me corroe. Entre tanto, sin darme cuenta, ya estoy medio enganchado, ya sé de él más de lo que debería, más de lo que me gustaría. No puedes moverte por ningún telediario ni por ningún periódico sin tropezar con su jeta. Y de este modo, a base de tropiezos, vas doctorándote en tonterías. A lo mejor a usted le habría gustado licenciarse en Nietzsche, pero acaba licenciado en Meghan, que es la señora del más arriba mencionado. Me pregunto qué ocurriría si al final de cada informativo, como el que no quiere la cosa, nos contaran una anécdota sabrosa de Kant. El problema es que quizá Kant carezca de anécdotas sabrosas. Es difícil competir con Harry. Un tipo que cuenta con naturalidad que se cargó a 25 personas en Afganistán te deja hipnotizado.

Me engancho, ¿no?

Recuerdo ahora la foto en la que aparecía vestido de nazi en una fiesta (de disfraces, espero). Dice que fue su hermano, Guillermo, el que le animó a hacerlo. Pobre. Guillermo está calvo, pero es el heredero. Me pregunto si Harry daría todo su pelo (que tampoco es mucho) a cambio de la primogenitura. Hay, entre los dos hermanos, una lucha trágica por ver quién obtiene el amor de Lady Di. Pero Lady Di está muerta, sólo habla dentro de sus cabezas y lo más probable es que la que habita en la cabeza de uno sea distinta de la que ocupa la del otro. Yo también tengo una Lady Di en mi cabeza, no por gusto, sino porque me la metieron en su día a presión. No podías interesarte por lo que ocurría en el mundo sin chocarte con ella y, como es sabido, el roce hace el cariño. Le tuve aprecio sin conocerla y sin que sus cuitas amorosas me importaran un pito. Llegó a caerme mal su marido, ahora rey, lo que resulta increíble si pensamos en el mundo en el que vive él y en el que vivo yo. Me enganché a la monarquía británica como el que se engancha a una serie de la tele. Y esto es lo que empieza a ocurrirnos con Harry. Se llama alienación.

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