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Ángela Labordeta

Ángela Labordeta

Escritora

Refundar para qué

En política, una decisión concreta te desmonta de por vida o te aúpa y te convierte en referencia

El expresidente y la expresidenta de Ciudadanos, Albert Rivera e Inés Arrimadas. Alberto Ortega

La desaparición de un partido político no es una buena noticia, y no lo es por varias razones, aunque en este caso me voy a detener en dos que tienen que ver con las decisiones de sus dirigentes y con la desilusión que esas decisiones provocan en quienes confiaron en la formación que ahora parece estar a punto de desaparecer, según dictan todas las encuestas. El caso del partido naranja en España, Ciudadanos, tiene unos componentes que lo hacen especialmente complejo, ya que su nacimiento se fragua en Cataluña y va contra parte de los catalanes que quieren una Cataluña libre de España. Y con ese discurso cada vez más desprovisto de concreciones ideológicas saltaron al resto de España y convencieron a millones de votantes de que ellos eran la solución a los males que Cataluña provocaba a España, y en esa falta de concreción ideológica tan pronto estaban al lado de la ultraderecha como se postulaban como ese centro político de referencia para miles de familias españolas.

En sus inicios, Ciudadanos tuvo una visión muy acertada, supo cuál era su votante y jugó con acierto en sus discursos, si bien tenían un poso con algo de olor a naftalina. En lo social supieron siempre estar en el lugar acertado sin fobias y con respeto. ¿Qué hubiera sido de Ciudadanos si Inés Arrimadas se hubiera quedado en Cataluña? ¿Qué si Albert Rivera hubiera entendido la propuesta de Sánchez y hubiese dado un paso adelante?

Supongo que el cuento sería muy diferente, pero los egos o los malos análisis hicieron que ninguna de esas dos cosas sucediera, y hoy vemos cómo el partido se desangra por mucha refundación que proclame y cómo personas que han trabajado por esas siglas desde ayuntamientos o gobiernos autonómicos se van descolgando, y entiendo que en algunos casos concretos se sumarán a otras formaciones políticas. En el caso de Zaragoza, por ejemplo, será el Partido Popular el que acabe acogiéndolas, siempre que sus decisiones sean las acertadas y no les puedan más los egos y las siglas.

En la política, una decisión concreta te desmonta de por vida o bien te aúpa y te convierte en referencia, y por esos los pasos tienen que haber sido muy medidos y no pensar que siempre vas a estar en la cresta de la ola, porque que Ciudadanos y Podemos llegaran para romper el bipartidismo en un momento muy concreto solo significaba eso, y no garantizaba en absoluto el éxito a largo plazo, aún más cuando sus dirigentes siguen haciendo las mismas lecturas erróneas de su propio fracaso.

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