Opinión
Un collar de espinas
¿Desde cuándo el amor (y el desamor) tiene que ver con el buen gusto o la elegancia, atributos tan subjetivos? Estar enamorado es vivir en el barro, cuando uno es incapaz de desprenderse de esa persona que lo ocupa absolutamente todo. Ojos abiertos, ojos cerrados, ahí está. Y cuando llega el desamor, el maldito barro no se va fácilmente y siempre queda algún resto incrustado que te hace malvivir. No hay nada exquisito en el amor y en la pasión, todo es barroco y opulento, y la caída, más estruendosa todavía.
Lo que viene a continuación no es una defensa de la nueva canción de Shakira, sino un comentario contra las críticas. El despecho y la venganza se cantan, se escriben, se pintan y se escenifican desde los tiempos de la más primaria de las expresiones artísticas. Básicamente porque el amor (y el desamor, la tristeza, la rabia, la melancolía…) lo es todo, la vida, la antítesis de la indiferencia, que es estar muerto en vida. ¿Y cuántos artistas ha habido, hay y habrá que no se expresen en clave autobiográfica? Después está el morbo del espectador, hoy estamos todos como en el patio del colegio cuando se conocía una traición amorosa: en corrillo y poniéndonos las botas. Condición humana.
Otra mujer, de otro tiempo y con otro arte, Frida Kahlo, dedicó la parte más extensa de su obra a hablar de sí misma. De sus dolores y angustias, tanto físicos como emocionales. Autorretrato con collar de espinas es, quizá, la obra que más viene al caso. 1940, acabada de divorciarse de Diego Rivera, se pinta a ella misma de frente con un agobiante collar de espinas hundiéndose en su piel y del que cuelga un colibrí muerto, mostrando el sufrimiento y la humillación que sentía por los engaños de Diego. ¿Desamor?, ¿despecho?, ¿venganza? Es un cuadro que a mí me parece precioso, además tiene toques populares, como los colores vivos de la vegetación al fondo del retrato, y una mirada en ella que también destila fuerza y resistencia. Shakira no hace algo tan diferente en lo que seguro va a ser un exitazo en la pista de baile. Se venga públicamente, sí, con rabia, sí, y así expresa también un profundo dolor. Como Frida. Como tantos. Aunque sea infinitamente más bella la melancolía.
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