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Amparo Zacarés

Amparo Zacarés

Instituto Universitario de Estudios Feministas y de Género Purificación Escribano. Universitat Jaume I

Cultura de la violación

Nada más se conoció la letra de la canción El violador eres tú, se hizo viral y dio la vuelta al mundo. Ocurrió el 20 de noviembre de 2019, cuando cuatro artistas chilenas autodenominadas Las Tesis (Dafne Valdés, Paula Cometa, Sibila Sotomayor, Lea Cáceres), desplegaron su performance en las calles de Valparaíso. Lo hicieron acompañadas por centenares de mujeres que cantaron y reprodujeron la coreografía que habían creado. A partir de entonces se replicó en varias partes del mundo alcanzando una repercusión considerable. Se cantó en ciudad de México, Bogotá, Caracas, Lima, Nueva Delhi, Estambul, Nueva York, París, Berlín, Madrid, Barcelona y también Valencia. En esta última ciudad, la tarde del 13 de diciembre de aquel año, más de doscientas mujeres lo entonaron ataviadas con una venda en los ojos y subidas a la escalinatas del puente de Aragón que da a la Plaza de América. Basta acudir a la hemeroteca para comprobarlo. Aquel estribillo que se repetía de forma acusadora se interpretó equivocadamente como si fuera una generalización aplicable a todos los hombres cuando, en realidad, denunciaba la forma en la que se tiende a abordar mediática y judicialmente los casos de violencia sexual contra las mujeres.

Fue así como el colectivo artístico chileno, en línea con las ideas de la escritora feminista Rita Segato, recreó con música y gestos la rabia y el enfado de las mujeres. Lo importante es saber que aquella acción artística se centraba por primera vez en la persona que inflige el daño y no en quien lo sufre. Por ello, la letra recuerda que la culpa de quien sufre la violación no es de la mujer, ni de la joven, ni de la niña, ni de dónde estaba, ni de cómo vestía. La culpa es del violador y con ello el enfoque se dirige expresamente hacia quienes cometen el delito. Se referían a la cultura que naturaliza inercias machistas y llega a normalizar los asesinatos de mujeres que se producen con total impunidad al desentenderse el Estado de tales muertes. Por eso se canta: «El patriarcado es un juez que nos juzga por nacer y nuestro castigo es la violencia que NO ves». Había que denunciarlo y hacerlo visible. Y es ahí donde tiene peso y cobra sentido el concepto de cultura de la violación que empezó a teorizarse entre los círculos feministas en 1975.

Hay que recalcar que con el término anglosajón Rape Culture se alude a esa construcción cultural que enfrenta el deseo pasivo femenino al deseo activo masculino sin ningún tipo de consentimiento y así, ocurra lo que ocurra, siempre son ellas a quienes se culpa. Esa manera de tergiversar argumentativamente la situación se conoce como antifonía, que es la práctica sofista que consiste en contraponer discursos hasta proyectar una realidad diferente a lo ocurrido. A modo de ejemplo, baste recordar la actual campaña de la Xunta de Galicia que, bajo el eslogan No debería pasar, pero pasa, culpa a la víctima. En el anuncio, el relato visual lo protagonizan varias jóvenes en diversas situaciones de ocio. Mientras se les ve haciendo footing, bebiendo en un discoteca o regresando solas a casa, se deja en el aire la pregunta: ¿Quién tiene la culpa de la violencia contra las mujeres? Desde un primer punto de vista, la respuesta obvia es quien haya cometido el delito. Pero desde un segundo punto de vista, se deja traslucir que la culpable es la joven por no haber evitado conductas o lugares de riesgo. Y es esa contraposición de pareceres la que hace que el argumento se vuelva del revés y señale a las mujeres cuando son las víctimas.

Del mismo modo es necesario comprender que la cultura de la violación no criminaliza a los hombres sino que busca visibilizar el entorno cultural misógino que disculpa a los victimarios y culpabiliza a las víctimas. Aun así, puede que utilizar ese término en sede parlamentaria, tal como acaba de suceder hace apenas unos días, no haya sido lo más acertado, sobre todo cuando la Ley de Garantía Integral de Libertad Sexual, conocida como la ‘ley del sí es sí’, no termina de funcionar como tendría que hacerlo. Pero de ahí a extraer generalizaciones precipitadas con las que se quiere tirar por la borda todo el texto de la ley o avivar el malentendido de acusar erróneamente a todos los varones de ser violadores, va un largo trecho. Y no estaría de más que en el Parlamento se rebajara el clima de enfrentamiento y se escucharan discursos bien argumentados que no usaran mal las reglas de la deducción.

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