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JOrge Dezcallar

Biden no gana y Trump pierde

En principio no ha ganado Joe Biden, que apenas ha participado en la campaña de las recientes elecciones norteamericanas, pero Donald Trump ha perdido porque ha demostrado tener menos dominio sobre el partido Republicano de lo que se presumía, y esas son sus principales conclusiones, junto con la de que la democracia goza de buena salud y ha vencido a los populismos y a las teorías de la conspiración que tanta polarización y tanto daño llevan haciendo desde que Trump se negó a aceptar su derrota en 2020.

Biden llegaba a la cita electoral con una popularidad muy baja (40%) y eso unido a una inflación muy alta y a la tradición que quiere que el partido en el gobierno pierda escaños en las elecciones de midterm presagiaba un fuerte correctivo en las urnas para los Demócratas. Y eso no ha ocurrido porque las pérdidas sufridas han sido las menores al menos desde 2002 y no por mérito de Biden, bastante invisible las últimas semanas porque los candidatos de su partido no creían que les favoreciera aparecer junto a él en fotos y mítines, sino porque los candidatos Republicanos del sector MAGA (Make América Great Again), extremistas y negacionistas impuestos por Trump, han provocado miedo y rechazo en la ciudadanía. En estos comicios «se vota local», aunque parece que esta vez los ciudadanos han tomado también en consideración la necesidad de proteger los valores que inspiran la democracia norteamericana.

Con el recuento de votos aún sin terminar, los Republicanos tienen muchas posibilidades de hacerse con el control de la Cámara Baja (aunque por pocos escaños) y eso dejará en el aire la agenda legislativa del presidente que necesitará buscar apoyos en la oposición moderada, que también la hay, para cada medida que quiera aprobar. Biden presume de conocer bien el Capitolio y de ser un buen negociador y ahora tendrá oportunidad de demostrarlo. De entrada habrá bloqueos legislativos, es posible que se paralice la investigación sobre el vergonzoso ataque al Congreso del 6 de enero, o que se abran otras sobre la Administración Biden y su misma familia, al margen de lo que suceda en el Senado, cuyo control pende de un hilo con 49 senadores ya adjudicados a los Republicanos, 48 a los Demócratas y tres aún por decidir con la fuerte posibilidad de que el resultado final no se conozca hasta la segunda vuelta de Georgia entre Warner (R) y Warnock (D) el 6 de diciembre.

No parece que lo ocurrido vaya a tener mucha influencia en la política exterior de los EE UU, aunque previsiblemente habrá menos sensibilidad ante el gran problema del calentamiento global. Se mantendrá la coordinación con Europa para apoyar a Ucrania aunque aumentarán las críticas por su coste, y quizás gane terreno la idea de animar discretamente (sin llegar a presionar) a Kiev a negociar con Moscú para poner fin a la guerra. No se prevén cambios en relación con China y Rusia, y habrá más dureza en la negociación con Irán.

Más interesante es lo que estas elecciones nos permiten elucubrar con vistas a las presidenciales de 2024, cuyos preparativos empezarán ya muy pronto. En 2020 Biden no fue el candidato Demócrata por méritos propios o atractivo personal, sino porque sus rivales Warren y Sanders asustaban a la maquinaria del partido. Y en el otro lado Donald Trump peleó contra Donald Trump y perdió la reelección por culpa de Donald Trump, como dice Pedro Burelli, tras cuatro años de caótico mandato en los que la calidad de la democracia americana y su imagen en el mundo sufrieron como nunca antes. Biden dice que se quiere presentar nuevamente en 2024, y es lógico que lo diga, pero no es seguro que el partido le respalde por su edad y baja popularidad en un contexto económico difícil. Si así fuera se abriría una lucha dentro del partido Demócrata sin que por el momento haya candidatos claros pues la vicepresidenta Kamala Harris está muy desdibujada como ocurre tantas veces a los que ocupan ese cargo. Y Trump, que puede anunciar esta semana su candidatura, sale tocado de esta cita electoral pues no se ha producido el tsunami a su favor que pronosticaba, arrecian las críticas contra él entre los Republicanos y ya le ha surgido un rival y enemigo personal en Ron DeSantis, gobernador de Florida. Habrá otros.

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