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Rosa Paz

Rosa Paz

Periodista

Sánchez sigue ahí

Parecía un Gobierno débil, pero los hechos han demostrado lo contrario

Es difícil no reconocer que Pedro Sánchez tiene una capacidad más que demostrada para salirse con la suya. No solo porque la trayectoria política anterior a su llegada al Gobierno así lo avala, sino porque desde el principio de la actual legislatura pocos daban un duro por la estabilidad de su Ejecutivo. Dudaban, a veces confundiendo deseo con realidad, de la perdurabilidad de la coalición entre PSOE y Unidas Podemos y de la posibilidad de que con una representación parlamentaria tan alejada de la mayoría absoluta -120 diputados los socialistas, 35, ahora dos menos, los podemitas- pudieran sacar adelante ninguna ley, menos aún unos presupuestos.

Si se suman además acontecimientos, tan imprevistos como dramáticos, como la pandemia y sus consecuencias económicas y sociales y la guerra en Ucrania, con la tremenda inflación y el riesgo de penuria energética que provocan, parecería que la ecuación no podía fallar: Sánchez y su Gobierno caerían más pronto que tarde.

Pero ahí sigue Sánchez. Aparentaba tener un Gobierno débil y con escaso margen de maniobra, aunque los hechos han demostrado lo contrario. Donde no le iba a quedar más remedio que prorrogar los Presupuestos de Mariano Rajoy, él ha conseguido aprobar dos y presentar los terceros con el acuerdo de su socio de coalición. Queda aún, claro, negociar con los espinosos aliados parlamentarios, algunos tan volubles como ERC, que puede moverse por razones totalmente ajenas a lo que sea que se esté tratando.

Al Partido Popular, que siempre pensó que Sánchez se despeñaría, le parecen unos Presupuestos «electoralistas» y «antisociales», lo que no deja de ser una contradicción en sus términos. Si son electoralistas, y se podría decir que lo son, es porque atienden a las necesidades de la mayoría. ¿Por qué le votarían si no? El apoyo mayoritario a las medidas sociales del Ejecutivo está incluso medido demoscópicamente. Pero eso no es suficiente. El reto de Sánchez y de sus socios es conseguir que ese amplio respaldo a sus políticas se transforme en votos. Y, de momento, no parece.

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